Monday, May 05, 2008

Opuestos en una figura circular


Desde hace tiempo me queda claro que los chicos bien portados no pasarán nunca a los libros de historia, no serán leyenda, ni harán reflexionar al mundo. A nadie le interesa que una persona haya cultivado el arte de respetar a sus mayores, o que alguien con una carrera bien pensada y calculada logró conseguir un título universitario.

La cosa es pone más dramática cuando rebasamos el nivel común de nuestro vecino “prodigio”, o de lo bien portado que es nuestro primo el "nerd", podemos ver que incluso gente que rompió paradigmas a la fecha son ignorados por los que ahora viven en esta canica azul: dudo que Federico Nietzche sea identificado con cierta precisión por estudiantes universitarios, ya no digamos de bachillerato, y estamos hablando de un auténtico irreverente.

Más aún, en la actualidad todo mundo presume una libertad sexual a toda prueba, y sin embargo dudo que mucha gente a la fecha agradezca su vida sexual a las investigaciones del doctor Alfred Kinsey, ¿es que acaso nuestro destino ineludible, como lo afirma José Saramago, es el olvido?

Me parece que esto lo vio y lo explotó Andy Warhol. Para quien ignore quién es este sujeto, baste decir que es el creador del Pop art, que legó la frase “tuvo sus 15 minutos de fama” y que concentró en sus actos la entonces visión del consumismo llevado al culto artístico.


Y sin embargo, dado lo que vivimos en la actualidad queda claro que los 15 minutos de Warhol terminaron profetizando su mismo destino. La informatización, la globalidad y el sentimiento vertiginoso en donde todo pierde vigencia a ritmos frenéticos hace que incluso Warhol, además de víctima, sea polvo y olvido de sus 15 minutos, es muy probable que ahora sólo se goce de 5 minutos de fama, y quizás eso sea muy generoso.

Esta angustia de la vigencia, de la vida acelerada, del consumismo, del fetichismo industrial queda espléndidamente expuesto en la cinta Fábrica de sueños, tercera cinta de George Hickenlooper (El gran anillo de bronce y Gigoló, el precio del éxito), y en ella podremos ver fases y actitudes de Andy Warhol en un estudio de su propiedad y en donde los excesos son la clave para pertenecer a la casa productora.

El reparto de la cinta está centrado en Guy Pearce, (Andy Warhol) y Sienna Millar (Edith), el valor en el trabajo de estos dos actores es expresar, me parece que de manera atinada, la mutación en la que cada uno de ellos se irá tranformando, muy lejos de un convencionalismo social, distantes de normas, artífices de un exceso que hace que toda la película signifique entrar a las entrañas de lo que seguramente nutrió a Bob Dylan y su Like a rolling stone.

Clasismo, urbanismos, drogas, anarquía, sexualidad y morbosidad son explotadas a lo largo de la cinta de Hickenlooper, con tomas muy cerradas, con planos muy directos a las expresiones de los personajes, acentuando sus estados de ánimo, la insensatez de estar haciendo algo que no saben por qué lo hacen, pero que define su efímera y absurda existencia centrada en el elixir de la fama.

La degradación o intensidad (según se pueda ver) se logra con cambios de imagen que nos remiten a los tiempos del súper 8, imágenes en blanco y negro, rayadas, desde luego, y con planos en donde los colores y el grano tan separado hace evidente la psicodelia, el desorden, el aparente anarquismo es donde la libertad fluye, aunque ese mismo caos se vuelve medra y Hades de sus hijos.


Cuando se ve Fábrica de sueños uno está ante una auténtica cinta clasificación C, pero no por la clásica connotación sexual, es una cinta C por exponer la degradación, la comercializacion, el cuerpo usado como objeto con el pretexto del arte, donde la masificación de las drogas hace evidente la soledad, el vacío, y lo amargo que puede ser basar la existencia en la fama.

Pero cuidado, no nos vayamos con el ardid de que se trata de criticar al lado consumista, ¿Qué vamos a ver en el otro lado, en el extremo de la sociedad, de lo correcto, del orden y del buen gusto? Incesto, apariencia, negación de esa otra realidad, abuso de autoridad, ¿quién resulta más despreciable, el que hace evidente su narcisismo y su lujuria o quien tiene una máscara de ropa, posesiones y prestigio social?

Al final, el espectador verá la cara menos glamorosa del ser humano, la negación superficial, pretendiendo rechazar con indiferencia lo que nos duele, como si así dejara de existir, la vida de Edith será una lata más de sopa, un rostro más que se multiplicara en un cuadro, será sólo sueño que quizás dure 15 minutos, ¿pero en verdad se tiene otra opción?

Sí, Fábrica de sueños es una cinta polémica, severa (una pareja no soportó tanto alucine y nos dejo más solos en la sala), pero sin duda que se tiene que ver para saber que ese mundo no está tan lejos, es más, podemos estar en cualquiera de los dos extremos, aparentemente huyendo del opuesto, y sin embargo, es posible que se trate de una trayectoria circular.
Por los pasillos del video club
Picnic pasional, del director Didier Martiny, estelarizada por Carole Bouquet, Philippe Noiret, Niels Arestrup, Stéphane y Michel Aumont, es una cinta francesa que describe los ridículos en los que basamos la "felicidad" humana. Un grupo familiar, más una pareja agregada es el marco para reflexionar sobre las relaciones que existen para destruirse, donde el arte es una forma de degradación interna, donde la felicidad y la lujuria conviven. La fidelidad, el gozar oportunidades, y demás emociones se terminarán alineando de dos maneras posibles: ¿cómo deseo bajar la montaña, por el camino trazado o dejándome ir por la ladera empinada? Picnic pasional es una gran opcion cuando se va a video club.

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Tuesday, April 15, 2008

Goza del paraíso por 30 minutos


Podrás estar en el paraíso con tranquilidad por 30 minutos, antes de que el diablo sepa que has muerto, esa es la premisa con que Sidney Lumet abre su película, justamente Antes de que diablo sepa que has muerto, cinta en verdad excitante, con un ritmo vertiginoso y con un armado de historia que cautiva a quien gusta de ver historias en el plano psicológico.

Lumet es un experimentado director que desde 1957 ha estado filmando, y en su saga de éxitos podemos anotar: Sérpico (1973), Asesinato en el expreso de Oriente (1974), Tarde de perros (1975), A la mañana siguiente (1986), El abogado del diablo (1983), entre muchas otras.

Más allá de nominaciones al premio Óscar, lo que haya ganado y lo que haya dejado pasar, Antes de que diablo sepa que has muerto es una historia que tiene un guión fuerte, que se adentra en la miseria de una familia saturada de mediocridad, y donde lo cotidiano va tomando giros cada vez más dramáticos.

El reparto me parece sólido, encabezado por Philip Seymour Hoffman (Andy), Ethan Hawke (Hank), Marisa Tomei (Gina), y Albert Finney (Charles). Andy y Hank son hermanos, Gina es la esposa de Andy, sin embargo todos los jueves se encierra en un hotel con Hank, en tanto que Charles es al padre de este par de chicos que terminarán en una travesura muy peligrosa.

La travesura a la que hacemos mención es el robo de la joyería de Charles. Los motivos son varios, Andy trabaja en una empresa de bienes raíces, viste bien, es algo así como la imagen de un ejecutivo triunfador; un ejecutivo heroinómano, que admite ser mal amante de su esposa y que por si fuera poco su estilo de vida lo está ahogando en deudas. Hank, el hermano menor, ha hecho un desastre de su vida, su actitud, su ropa, y la incapacidad de cubrir la pensión alimenticia de su hija lo retrata con la imagen perfecta del perdedor.


Por medio de un muy atractivo juego de flash back Lumet no vas presentando el rompecabezas en el que vemos el asalto, lo que pasó un día antes, cuatro días antes, y es así como el espectador va descubriendo como en Hank y Andy se va mezclando la inocencia, la desesperación, la perversión y la frialdad para que se vaya organizando una tragedia familiar, pues el relato expone como algunas piezas no encajaron como se había pensado y otras aparecieron donde nunca debieron estar.

Antes que el diablo sepa que has muerto expone lo cerca que podemos estar de salirnos con la nuestra, de que las familiar tienen secretos que en verdad son escandalosos, que lo que parece sencillo puede salir de control en apenas segundos, la avaricia será el motor, y la misma avaricia llevará a las peores decisiones en donde pareciera que el auténtico beneficiado es el diablo que espera que el hombre y su albedrío lo enredan cada vez más.

No conforme con el flash bak, Lumet se encarga en la segunda parte de la historia en recargar su estilo narrativa en la visión desde diferentes planos y tiempos, a veces el diálogo lo vemos entre Andy y Hank, pero más adelante veremos la acción desde la perspectiva de Gina.

Después de todo, tanto los hermanos Hank y Andy, así como el Charles terminarán enfrentados, saldrán a flote los sentimientos de preferencias, de protección, dudas de paternidad, y demás situaciones que sólo la presión puede hacer explotar, y por si fuera poco, algunas escanas en donde el maravilloso cuerpo de Marisa Tomei llena la pantalla con un cuerpo bello, seductor y en verdad erótico.






El final de la cinta supondrá una cascada de sangre, habrá muertes, habrá expiación, incluso el mito de Saturno se hará evidente para lograr una purificación donde todo ha sido arruinado. Lo interesante del film de Lumet es que no hay frases morales, no hay consejos, es tan sólo dejar escapar la avaricia, la soledad emocional y moral, y la muerte como un cambio a un estado de vida mejor, pues se demuestra que los males surgen en la familia misma.


Antes que el diablo sepa que has muerto es un nuevo acercamiento a los sentimientos de las persona. No hay grandes metáforas, sí alegorías, y una cinta que pudiera parecer que se encamina a una versión interesante de un golpe perfecto termina en una cinta de suspenso donde el laberinto llevará a cada personaje a un camino sin retorno.
Por los pasillos del video club
Vender en el mercado de pulgas un ropero, un uniforme militar, una televisión, siempre a precio regateado, son soluciones que encuentra un jubilado kurdo del Caucazo para subsistir en una entorno solitario, gélido, de profunda melancolía, ah, y por si fuera poco, es un viudo. Sin embargo, la vida sigue, y es posible que una relación surja con una compañera de desgracia. Una maravillosa metáfora final revelará que se pueden vender las cosas, pero la dignidad es la que nos seguirá moviendo. Vodka limón, de Hiner Saleem es una cinta escasa de diálogo, pero las imágenes y las secuencias hacen explícita la narración. Vodka limón es una cinta muy disfrutable.

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Thursday, April 10, 2008

Una visión triste y optimista del ser humano



La familia Savage es una de esas cintas que reciben poca difusión, tiene pocas copias y sin embargo deja huella en el ánimo del espectador si relaciona la sencillez y encuentra el contraste que se expone a lo largo del film.

The Savage (su título original) es una cinta de Tamara Jenkins, que la verdad sea dicha, de las cintas que ha dirigido no tengo la menor referencia, así que parto de cero para juzgar su dirección, y este primer acercamiento ha sido muy grato.

¿Qué es lo que va a ver el cinéfilo?, podrá ser testigo del proceso de una familia disfuncional que por motivos humanitarios verá reunidos a dos hermanos para hacer frente a las adversidades y así iniciar un viaje de autodescubrimiento que en ocasiones va a ser crudo, en otras pintoresco y divertido, pero constantemente muy inteligente.

El casting tiene un acierto, a mi parece, definitivo: Philip Seymour Hoffman. Él es un actor del perfil de, por ejemplo, Gary Oldman o de Jhonny Deep, es decir camaleónicos, igual lo hemos visto como un estudiante cínico en Perfume de mujer, como camillero angustiado en Magnolia, como un perdedor nauseabundo en Felicidad, y desde luego, encarnado como escritor Capote.

En La familia Savage, Hoffman encarna a Jon, un profesor universitario eremita, descuidado, frío, insencible, y a la vez comprometido con la causa familiar, a su estilo, claro está. Jon será una paradoja que ve con dureza la existencia de asilos donde la gente acalla su consciencia y reconforta su estilo clasista de vida, pero llora cada vez que su compañera de departamento le prepara huevos en el desayuno. Jon es capaz de dar conferencias sobre el sentimiento edípico de Bequer, pero es incapaz de ser un soporte emocional sólido para su hermana Wendy. Uno podría pensar que hay que odiar a Jon, sin embargo es un personaje muy humano y muy creíble por la textura que Hoffman logra dar al personaje.


Por su parte, Laura Linney (a quien hemos visto en cintas como Truman show, El exorcismo de Emily Rose, La vida de David Gale) interpreta a Wendy. Una solterona que tiene una aventura con un hombre casado, que tiene dudas sobre el destino de su vida, que ha pedido en 8 ocasiones diferentes una beca para ser escritora, que tiene ideas sobre hacer una obra de teatro semi biográfica, misma que critica y descalifica en cuanto la comenta y la promueve, que siente una mortificación terrible cuando lo que planea para ella o su familia simplemente fracasa.

Ambos personajes, Jon y Wendy vivirán una serie de experiencias al buscar la mejor solución a la situación de su padre (interpretado por Philip Bosco), un padre que nuncatuvo un sólido concepto de la familia, que está viejo, demente y se encuentra muy cerca de la muerte.

Este escenario es el que Tamara Jenkins traza y dibuja. Es inteligente al insertar segmento de cintas del estilo de Fred Astaire, donde estar feliz es la obligación, donde hay fastuosos escenarios, y que termina por contrastar con el entorno que predomina en la cinta: frío, lluvioso, con nevadas, oscuridad y en general un ambiente deprimente.

La familia Savage es una estupenda oportunidad para interiorizar en los sentimientos que unen a las personas, los pequeños detalles en donde podemos encontrar a la felicidad, o bien, descubrir lo delicado y engañoso que es el placer y la satisfacción.

Personajes solitarios, abandonados al desaliento y hastío de una vida que parece no tener suficientes alicientes para hacer algo diferente o con mayor gusto, y sin embargo, no comparto la idea de que se trate de una historia pesimista, muy en en fondo, la cinta expone que la felicidad viene, en parte, envuelta de la aceptación del ser, de las posibilidades, que es algo relacionado directamente con el equilibrio.


La familia Savage hay que verla con ganas de saber algo más del ser humano, a dejarse envolver por la secuencias acompañadas por una música que transpira melancolía. Vista en unidad, la película me da la impresión de ver algún cuanto cuento de Jorge Ibargüengoitia, que de tan trágicas que son las cosas terminas riendo.

Ojalá La familia Savage permanezca más de dos semanas en cartelera, pues es una estupenda oportunidad de ver algo muy valioso en la pantalla.

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Friday, March 07, 2008

Sadismo con principios


El gran Lebowski, Fargo, El hombre que nunca estuvo, ¿Dónde estás hermano?, son las películas que he visto de los hermanos Coen, y en todas ellas hay pequeñas marcas que aunque comunes son muy divertidas y atractivas en su estilo narrativo.

Guardando las proporciones, o mejor, en un tono polémico, me atrevería a decir que los Coen ya son de ese club del sello de Woddy Allen, donde los actores buscan prestigio más que dinero al trabajar con estos hermanos que logran trasmitir muy bien el sentimiento popular de nuestro llamado vecino del norte.

Sin lugar para los débiles (más preciso me parece Sin lugar para viejos) es la nueva propuesta de Ethan y Joel Cohen. La historia se desarrolla en el desierto texano, y en donde el entorno de cacería se va manifiesta a lo largo de la cinta.

Llewelyn (Josh Brolyn) es un cazador que hallará el saldo de una matanza entre narcotraficantes, algo así como unos 12 o 15 masacrados en la nada del desierto (sólo encontrando un moribundo traficante suplicante de agua), digamos algo que ya es parte de los usos y costumbres de este lado de la frontera. Su escuela de cacería lo lleva a toparse con una valija que tiene algo así como 2 millones de dólares. El golpe de suerte está planteado desde el inicio.

Llewelyn, sin embargo, no podrá tener la mente tranquila, y a media noche llevará agua al que único sobreviviente que encontró en la zona de la matanza. ¿Tendría motivos éticos o morales para este gesto de caridad?, no, sin embargo él mismo le dice a Mary Jane (su mujer) antes de salir: “Voy a hacer una estupidez”.

Es por medio de esta estupidez que inicia una cacería por la valija millonaria, y en donde el resto del elenco de la cinta va tomando su papel y peso en la historia. Veremos a un Llewelyn perseguido por Antón (Javier Barden), a un Carson Wells (Woody Harrelson) que trata de ser su única opción de salir con vida, y a un sheriff viejo y rebasado por la maldad que impera en el mundo (Tommy Lee Jones).

Hay varios puntos que hacen a la cinta de los Coen muy atractiva: poner a un asesino en verdad frío, desalmado, realmente incalificable (algo complicado en estos tiempos que vivimos), como Antón. El dotarlo de sadismo no quiere decir impedirle elegancia, pues lejos de ser amante del baño de sangre con armas de fuego se vale del aire comprimido para liquidar a sus enemigos. Por favor, pongan mucha atención al papel de la moneda de la suerte, sobre todo en la gasolinera.

Hay más, la búsqueda del dinero hace que por momentos Antón sea el cazador, pero también por instantes Llewelyn es quien marca el paso del acecho. Paralelo a ello, el sheriff se mantiene cerca, reflexiona sobre la maldad, sobre esos colegas que trabajan sin pistolas. Cuidado, no se trata de poner a un simple policía rural, muy seguramente es toda una metáfora del buen juicio, de la justicia, de lo bueno que hay en todo ser humano que es incapaz de comprender la cacería que se hace por dólares. En algún momento se existe un diálogo así: “Ahora todo es traficar y el dinero”, es decir, como si la delincuencia se hubiera prostituido en la actualidad.

Ahora bien, hay varias secuencias de auténtico sadismo y escándalo, y nunca aparece nadie que grite, patrullas, equipos de rescate, o algo similar, la matanzas se da en soledad, sin testigos, sin ruido, sin curiosos. ¿A caso no parece el entorno mexicano, concretamente capitalino?, Es ahí un paralelismo que puede ser evidente: Sin lugar para los débiles es una representación de los pueblos del “viejo” oeste, donde al haber duelo todo mundo se escondía hasta que uno de los pistoleros quedara muerto. Los Coen nos traen una historia de vaqueros, pero aquí los buenos están desbordados, y los malos están en su escenario a sus anchas.


Sin lugar para los débiles nos va mostra matanzas en verdad impactantes, protagonistas que son masacrados con la mayor naturalidad, buenos que se empeñan en comprender a la miseria humana, perversos que no funcionan por dinero, o por ambiciones personales, es más, se podría decir concretamente que Antón es un tipo con principios, su sed de sangre, si se ve con calma la cinta, está justificada y nos plantea interrogantes inquietantes sobre la naturaleza humana.

Más que enlistar los premios o honores alcanzados por la cinta (que me parece inferior a Petróleo sangriento), sin duda ofrece un punto de vista muy actual sobre la condición humana, ah, y sin que deje de mencionarlo, por favor, que no se vaya a hacer un drama por la forma tan… folklórica en que la cinta expone al lado mexicano, después de todo, es muy posible que lo expuesto en Sin lugar para los débiles sea sólo parte del “training” que disciplina al narco mexicano.

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Wednesday, March 05, 2008

Un ateo vendiendo su alma a Dios





Boogie Nigths (1997) y Magnolia (1999) son cintas que aparecen en la filmografía de Paul Thomas Anderson, y me atrevo a decir que en cada una de ella va superando su calidad narrativa, su profundidad de emociones y la eficacia de la trama, incluso superando el horrendo título impuesto de Petróleo Sangriento, su más reciente trabajo.

En su momento critiqué a Ang Lee en Secreto en la montaña, pues la historia se convirtió en una serie de estampas con poca relación, sin fuerza en los personajes y que me parecía que después de 45 minutos había agotado el dilema (por cierto, mantego mi afirmación). En el caso de Petróleo sangriento, también se van tejiendo una serie de andanzas, pero con la cualidad de ser fuertes, de ocultar parte de su información para momentos posteriores, de tal manera que hasta los últimos 5 minutos hay sorpresas guardadas para el espectador.

Anderson centra la narrativa fílmica en Daniel Plainview (Daniel Day Lewis), y en el nombre mismo pone el sello del visionario. Daniel es un minero que a base de golpes, accidentes y mucha astucia pragmática va armando un emporio petrolero en Texas (sí parte bonita que se quedó en EU).

Daniel es un hombre práctico, frío calculador, con lógica de negocios, pero no por cuadrar los números (cosa ya por descontada), su lógica consiste en saber negociar, en saber conceder y en saber cobrarse en el momento indicado. A medida que logra un negocio va confirmando su idea de supremacía sobre los demás. Daniel es algo así como una manifestación viva del Leviatán, donde la óptica que predomina del ser humano es mísera, reduccionista, plagada de ambición, traición, y eventual supervivencia del más sanguinario.

¿A qué se tiene que sobreponer Daniel Plainview?, a un oficio como la minería, tan riesgosa como en la actualidad, pero con menos difusión posible, a una comunidad religiosa (la Iglesia de la Tercera Revelación) que es encarnada por Eli, un pequeño fanático que en nombre de Dios busca lo más jugoso de los negocios terrestres; además de la férrea competencia de la naciente industria petrolera.

¿Tiene Daniel algún tipo de descanso en su frenética lucha de poder?, su hijo,. Un chico simpático, agradable a la vista, que es algo así como la cara tierna que ofrece al momento de cerrar negocios. Plainview es también visionario en ello, sabe que su rostro y sus asuntos son rudos, y una cara inocente y juvenil le abrirá la aceptación de granjeros que ven en la tierra el mayor bien del planeta (aunque sólo haya piedras y tierra).

Pero a medida que Daniel va concentrando sus logros tendrá que ceder más cosas, por ejemplo el convertirse al culto de la Tercera Revelación (una escena muy simpática), a la aparición de un medio hermano aparecido de la nada, e incluso vivir con la sordera de su hijo, producto de un accidente en una torre petrolera.

Pero cuidado, no nos vayamos con el engaño, Daniel va a conseguir una opulencia absoluta, y sin embargo la dirección de Anderson no olvidará que se trata de un personaje ambicioso de poder, de demostración, que se encuentra feliz durmiendo el piso, ebrio y grosero, que busca destrozar a todo aquello que le represente una amenaza o competencia, de lo cual será víctima también su hijo, ¿la revelación del final será producto de su ira o de por fin revelar una verdad?, habrá que reflexionarlo.

Por supuesto, el remate de la cinta es contundente, es brutal, es una alegoría de lo que desearía cualquier ateo que vendió su alma a Dios con tal de hacer negocios y que termina por reclamar lo suyo, como si se tratara de un Tartufo que sí logró salir victorioso.



Petróleo sangriento (me parece más atinado el literal Puede ser sangre) es una cita que se apoya en la narrativa visual, en secuencias muy empáticas (una pierna rota, un obrero muerto por un tubo suelto, entre otras), por discursos muy crudos y muy persuasivos, con planos muy amplios, con con cercanía a las emociones de cada personaje, y todo ello enmarcado con una banda sonora (Jonny Greenwood) que delata ambición, asechanza y un ritmo que incluso ni parece de Hollywood.

Petróleo sangriento me parece una gran cinta superior en ciertos detalles a Sin lugar para los débiles (aclaro, esta cinta me gustó y más adelante se comentará); sin embargo, la cinta de Anderson es una muestra, a mi parecer, de un director maduro que escarba en las actitudes que han hecho del imperio americano ese tirano cínico y traidor que a la fecha conocemos.

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Sunday, March 02, 2008

Juno, o madurar a pesar de todo


He de confesar que escuché buenos comentarios de Juno, crecer, correr y tropezarse, y para excepción de mis gustos fílmicos terminé viendo la cinta, claro, tomé ciertas precauciones como un boleto gratis por mis puntos acumulados como cliente frecuente, así como un horario bien matutino para evitar a la mayor parte posible de adolescentes enviados por voluntariosos y animosos maestros. La cosa no estuvo tan mal, usé mis puntos y sólo tuve que callar a una grupito de “pubertas” en una ocasión.

Ahora, sobre la cinta, tiene sus partes muy lúcidas, aunque otras que, la verdad, resultaron como lo esperaba; con todo y eso la película tiene elementos muy rescatables.

Empecemos por la dirección, que recae en el canadiense Jason Reitman, mismo que se distingue en su filmografía por abordar los temas de una manera políticamente incorrecta (suena muy odioso, pero la expresión puede ilustrar), como lo es Gracias por fumar, y bueno, ahora con Juno vuelve a plantear un tema bastante delicado, como lo es el embarazo en la adolescencia, con una óptica que escandalizaría a muchas personas políticamente correctas (que necedad la mía).

La primera parte de la cinta de Reitman navega por el dilema juvenil del embarazo no deseado, un guión que exalta la forma estúpida o inocente en que Juno toma su avasallante problema y unas figuras paternas bastante diluidas. Esto no quiere decir que está mal por necesidad. Si lo vemos con perspectiva, es muy honesto poner a una chica que se arrepiente de abortar al saber que su niño ya tiene uñas, o que al verlo en el ultrasonido diga que tiene la forma de un moco, lo extraño sería algún tipo de reflexión filófica profunda o frase hiperbólica cuando precisamente se ha metido en ese problema por imprudencia. Reconozco que mi crítica responde más a que por momentos se requiere que los personajes caigan en el discurso al estilo de American pie (el aborto).

Ahora, en lo que es la segunda parte del relato, Ellen Page (Juno) es quien toma el control de la historia, no por estar embarazada, o por haber decidido que va a dar a su bebé en adopción a una pareja deseosa de tener un niño, sino por su cándida responsabilidad, por saber lo que hay que hacer, lo que quiere para un niño que no quiere, pero al que desea que la vida le resulte con mejor destino.

Juno va a tener que ir contracorriente en su mundo, pues en la escuela es vista como un fenómeno, claro, es un fenómeno para todos esos chicos que tienen una vida sexual desenfrenada, pero que son escrupulosos ante las consecuencias. Juno expondrá esa cara hipócrita de la sociedad que puede cometer cualquier exceso, siempre y cuando no tenga evidencias o contraveniencias sociales.

A la par de este entorno juvenil, Juno va a intimar, en el mejor de los sentidos, con la pareja que adoptará a su hijo, pues desea que esté en un hogar, en armonía, con un buen principio. Esto se plantea desde la inocencia juvenil, y que a la vez expone el contraste de ese matrimonio donde Vanesa (Jennifer Garner) desea que todo sea perfecto para el niño que adoptará, en tanto que su esposose muestra más pendiente de acechar a la adolescente barrigona que ha llegado a su vida y de poder cristalizar su sueño de ser el siguiente Kurt Kubian.

Al tiempo que la historia va madurando el ruido en la sala fue disminuyendo, la atención quedó atrapada cuando esta chica de 16 años tiene mucho más claro lo que quiere, en donde su valentía termina siendo la energía que Vanesa necesita para salir adelante sin la presencia del marido.

La cinta, al final, deja contentos a todos los que quieren involucrarse, no se trata del fin de una pesadilla, más bien es la forma amable en que deben terminar los conflictos, donde cada quien va a tener lo que desea, lo que quiere, ¿y no tendría que ser siempre así?, vamos, no todo tiene que ser Madame Bovary o Cumbres borrascosas, también es posible que todo mundo tenga su recompensa, ordene su vida con el universo, y no por ello se tenga una historia bonita y simplona.

Es cierto, las chicas en la sala se emocionan más cuando Juno y Pauline (en chico que embaraza a Juno) se dan un beso tierno, para las chicas pasa de largo el proceso de la decisión y madurez que vive la adolescente, sin embargo, con apego a los principios que guían al cine, Juno, crecer, correr y tropezarse, es una cinta interesante, agradable y muy ilustrativa en cuanto a que el problema no es tanto el embarazo no deseado, sino el tener claro qué es lo que se quiere, sin gritos, insultos, amenazas ni lágrimas forzadas.

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Wednesday, February 27, 2008

Ver algo majestuoso

Nunca he visto completa Historia de amor, pero con ver la escena final, en donde Ryan O´Neal se sienta en una banca del nevado Central Park, los árboles totalmente deshojados, la soledad, la cámara alejándose y la música gloriosa no puedo uno menos que sentir lástima por este sujeto y saber que el universo se le ha venido encima.

La anterior escena es un ejemplo de que el romanticismo vive y perdura y de que nos gusta ir al cine a ver la desgracia de un sujeto, porque seamos francos, no hay nada más aburrido que la felicidad plena, por lo menos que cueste un poco, y eso es algo que se puedeconfirmar al ver Antes de partir, cinta estadounidense, dirigida por Rob Reiner y protagonizada por Morgan Freeman, Jack Nicholson y Sean Hayes.

Si revisamos la filmografía de Rob Reiner podemos encontrar trabajos muy comerciales tales como Cuando Harry encontró a Sally, y donde la excepción se da en 1990, cuando dirigió Misery, adaptación de la novela de Stephen King. Bueno, por fortuna Antes de partir le pone una palomita a su carrea de director.

Como ya anotamos, el protagónico es compartido por Jack Nicholson y Morgan Freeman, ¿no se tiene acaso todo para que los actores se devoran al director?, puede ser, pero creo que es lo más irrelevante. Antes de partir es la historia donde Edgard Cole (Nicholson), un millonario hedonista hace amistad con Carter (Freeman), un hombre culto que tuvo que ser mecánico para resolver su vida.





El relato desde luego no es novedoso, hasta cierto punto es la misma base de Golpeando las puertas del cielo, de Thomas Jan, sin embargo, el talento de Freeman y Nicholson hace de esta cinta algo simplemente extraordinario.

Edgard tiene dinero, es de acción, es cínico y tiene una muy efectiva coraza que le evita tomar consciencia de los vacíos morales que ha cosechado en su vida. Carter, por su parte, es un hombre que parece completo, tiene familia, seguro social, es el típico americano clasemediero, tiene una base moral y filosófica profunda, tanto como los huecos de insatisfacción de su vida.

Ambos personajes van a morir, sus dos opciones son someterse a tratamientos experimentales o vivir a plenitud el tiempo que le queda (no más de un año), desde luego ésta última es la elegida. Sí, la cinta no resiste al gusto de exponer gustos muy a la “gringa”: lanzarse en paracaídas, correr autos veloces, viajar por el mundo (para algo debe servir ser millonario como Edward), y sin embargo, la cinta no descuida el factor más importante: cubrir las deudas o pendientes morales son las que nos acercan a la dicha.




Edward, a lo largo de la hisroria, parecería que con sus millones compra una amistad, Carter no pone objeción en que su amigo gaste dinero como si fuera una obsesión, finalmente ambos ofrecen lo que necesitan. Carter podrá conocer el Tibet, la Muralla china, las llanuras del África, Francia, y sin embargo el final de su viaje será su hogar, su familia, será como el viaje del héroe que sabrá reconocer la señal de cuándo es necesario regresar al hogar; por su parte Carter enfrentará a Edward con esas deudas personales que no se pueden dejar sin saldar, del enfrentamiento con esa realidad con los tuyos, con ese pasado que no se puede comprar u olvidar.

Sin duda que uno termina en lágrimas por la historia, pero no por escenas recargadas de misericordia, de lamentos, de llanto y gemidos escandalosos, no hay frases rimbombantes ( Edward acoseja no desperdiciar una erección o desconfiar de un pedo, ¿dónde está lo glorioso?) y sin embargo toca el corazón con diálogos empáticos, con dilemas humanos, con la duda de saber si en la vida nos hemos dedicado a hacer el bien por alguien.

El gastado recurso de la lista de cosas pendientes de Carter o de Edward se va cumpliendo, pero no se trata de una comedia ligera donde todo es contra tiempo, la cinta de Reiner se va internando en los sentimientos y valores del espectador y lo que parecía desde un inicio una escena cursi, termina siendo un golpe maestro de amistad, de lealtad y se certeza de que se está contemplando algo majestuoso, tal y como Carter lo deseaba.

Al salir de la sala, una vez concluida la cinta, me preguntaba, ¿qué pudo ofrecerles Reiner a estos dos actores para que aparecieran en su película?, ¿dinero?, debieron cobrar bien, ¿un buen libreto?, seguro que ya lo han logrado antes; quizás una lista de cosas que ambos actores no habían hecho a la fecha, todo ello en un muy bien libreto. Antes de partir, sin duda una cinta aconsejable para un examen de nuestra búsqueda interna.




Así como cuando vemos a O´Neal sufrir por su amada que ha muerto y sentimos ese dolor en el ánimo, nosotros veremos a Carter y a Edward en el recipiente ideal para tener estilo, y saber que algo se ha cumplido, pues no podía ser de otro modo, pero con la sensación de que hemos gozado mucho con lo que hemos visto en la pantalla, pues sólo se trata de otra historia de amor.

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Monday, January 21, 2008

El viaje místico, pero sin exageraciones




Dice una expresión muy antigua, no por ello menos cierta: los caminos del Señor son misteriosos, y es que fueron poco más de dos meses para que volviera a escribir en este espacio para deleite (?) de mis cuatro lectores. Los motivos fueron varios, entre ellos el que no encontrara algo muy atractivo en la cartelera (Sultanes del sur no entra en las expectativas).

Hace dos años tuve la oportunidad de llevarme una grata experiencia con el estilo narrativo de Wes Anderson, en esa oportunidad disfruté Vida acuática, que contaba la vida entre torpe y divertida de Steve Zizu (un documentalista marino, al estilo de Cousteau). En aquella ocasión la musicalización de la cinta, más el jugo que sacó a actores como Bill Murray, Owen Wilson y Jeff Goldblum me resultó muy atractivo.

En Viaje a Darjeeling, la nueva propúesta de Anderson, la grata impresión se mantiene, incluso se supera, sin que por fuerza signifique una historia del todo novedosa o única.

Viaje a Darjeeling es el pretexto que toma Anderson para recrear un tipo de historia que nos remite al viaje de los Beatles por la India. Es más, la música que predomina en la cinta tiene todo el sello de este grupo.

La acción es simple, Jack (Adrien Brody) y Peter (Jason Schwartzman) se encuentran en un tren de alguna ciudad hindú, se ven, se saludan, y pareciera que han estado juntos toda la vida (Peter acaba de estar en París, lo que se ve un corto al inicio de la cinta), es hasta que llega Francis (Owen Wilson) que descubrimos que estos tres pesonajes son los hermanos Whitmann, y que están en ese viaje para tener diversas experiencias místicas para llegar a lo más profundo de ellos mismos (porque así lo determinó Francis, el hermano mayor).

¿Cuál es la razón priumera de que esos tres hermanos estén ahí?, bueno, todo es sencillo si vemos la cara totalmente lacerada de Francis, producto de un accidente de motocicleta, y que al salir vivo toma la decisión de que sus dos hermanos tienen que realizar un viaje místico por templos y lugares mágicos para encontrarse a sí mismos. La razón de fondo es ver a la madre que no estuvo en el funeral del papá de los Withmann.

La descripción de los personajes se hace muy divertida al ver cómo Francis busca ser el guía, el que da las órdenes, no se conforma con dar todo el itinerario del viaje, incluso decide qué van a comer sus hermanos. Pero esta familia no está bien, los tres hermanos son adictos a analgésicos (así son sus borracheras), sobre la muerte del padre se nota que hay dudas y cuentas pendientes, eso sin contar que la madre está en una convento cristiano hindú y que por si fuera poco, no desea verlos.

En este microcosmos creado por Anderson es que sus personajes van creando sus espacios, muestran sus perfiles: Francis y la dominación del mayor, Jack no dejándose intimidar por Francis y Jack que siente deseos carnales pro la guapa mesera del tren en que viajan; eso sí, los tres unidos por ser el confidente de alguno de los otros hermanos, sin que eso signifique ni confianza, discreción, o aceptable comunicación.

¿Cuál es el resultado de esto?, inicialmente un absoluto fracaso, el director expone que el viaje místico no es por encargo, no se da por itinerario fijo, no hay netas que a fuerza nos abran los ojos. Viaje a Darjeeling recrea lo que es un viaje de búsqueda auténtico: donde las circunstancias se topan contigo y tienes la decisión de comprometerte o no.

En una mataforización maravillosa, los tres hermanos vagabundos tratan de salvar a otros tres hermanos que tratan de cruzar un río embravecido, y es ahí donde la historia da un giro, es ahí donde el valor de esas vidas sin cohesión empiezan a conformar una nueva realidad.

La cinta de Anderson, a partir de esta metáfora empieza a tener la unidad de todos sus elementos, por medio de simples flash backs es posible ordenar lo que parecía estar suelto. Claro el viaje se tiene que completar, se tiene que buscar a la madre metida de misionera, y que es el pretexto para poner una, a mi juicio, plena integración de todos y cada uno de los momentos la cinta, pero no con un tono santurrón o moralino, sino de integración de las partes, esa visión holista que vemos tan “simpatica” de oriente, pero que como occidentales nos negamos a ceptar.

Viaje a Darjeeling es disfrutable por la fotografía, por la musicalización, por el mensaje de búsqueda, pero sin caer en las tentaciones de terminar en un documental de corte folklórico, tan sólo es una historia en donde Anderson nos muestra lo que es el viaje de los Whitmann, mismos que quedan listos para enfrentar las cosas pendientes que dejaron en sus respectivos mundos.

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Sunday, October 28, 2007

Una nueva visión de María


De verdad que los distribuidores de películas en México no tienen solución. Se empeñan en poner nombres atractivos porque hay que engrosar la taquilla, pero nunca se ponen a pensar que malacostumbran a las víctimas, digo, a los incautos que sólo se guían por el nombre que les dan a las cintas.

Hace pocos días me “lancé” a ver el espectacular (por nombre) El evangelio prohibido. Ver la sinopsis me llamó la atención, hasta la fecha no me ha decepcionado cinta donde aparezca Juliette Binoche. Lo simpático fue cuando vi en la sala a cuatro pubertos armados con sus celulares, sus bromas, refresco de “onda joven" y sus palomitas. Sin duda estos chamacos esperaban ver explosiones, algún alien, o por lo menos una escena de sexo explícito, pues por algo se trataba de un evangelio prohibido.

La historia, dirigida por Abel Ferrara es de tinte documental y de ficción. Ted (Forest Withaker) es un periodista que dirige un programa de análisis, el tema abordado a lo largo de la cinta es analizar el peso y papel del Jesucristo como dogma que guía a la mitad del planeta. El origen de la disertación es la inminente premier de una cinta que explica la vida de Jesús, claro, desde un punto de vista, digamos, alternativo.

Ted es un hombre exitoso, algo así como el Larry King de la historia, su programa tiene peso en la opinión pública. Mientras se desarrolla la documentación, reflexión y peso filosófico de Jesús se van intercalando fragmentos de lo sería la película en cuestión, ¿cuál es el interés?, Ted se involucra cada vez más en la investigación, lo que lo lleva a descuidar a su esposa, próxima a dar a luz. Es ahí donde se mezcla la ficción, el caso particular que puede encajar muy bien en lo frenético del mundo.

Pero no basta con este escenario de búsqueda de Jesús como mito, o de Ted como persona en conflictos personales. Es aquí donde el al gusto de poner un título “espectacular” distrae la misión de la película. Maria es el nombre original del film, pues el real personaje central de la historia es María Magdalena, la prostituta redimida, la posible amante de Jesús, o más interesante, la posible discípula (la máquina no me marcó error, así sea) de Jesús.

María Magdalena es representada en la ficción de la película a estrenar por Juliette Binoche, y en la realidad de la película también se llama María, y es tal el grado de integración con su personaje que esta María del siglo XXI inicia una búsqueda de sí misma internándose en la siempre mística Jerusalén.

A medida que avanza la historia tres dilemas se van identificando con claridad: la vida de Jesús es un enigma que fascina al estudioso; Ted ha entrado en una espiral donde llega al cuestionamiento de todos sus valores como ser humano; y la forma en que la sociedad del siglo XXI tan abierta, tan lejos de atavismos, tan distante de moralismos, reacciona de manera virulenta ante la interpretación de los temas más “sagrados” que ignora en lo cotidiano.

Si bien es cierto que la película no es precisamente la mejor contada, me parece que sí tiene elementos interesantes que lo mantienen a uno es la sala por espacio de hora y media. Claro, este punto de vista no lo podrán compartir los cuatro jóvenes de los que hablé al principió, pues dejaron, descepcionados, la sala cuando estaba a la mitad la proyección.

María (para usar su nombre original) expone lo que mucha gente se niega a aceptar: cuando estamos sujetos de un clavo ardiente sólo queda implorar por la ayuda divida en lo que termina siendo un viaje interno de purificación. La catarsis de Ted al ver que esposa y su hija (recién nacida) están por morir sólo puede ser entendido por quien ha sentido su vida cerca del abismo (la muerte no es el único abismo) y no hay más que bajar la guardia, suplicar y tratar de “negociar” con la divinidad a cambio del favor recibido.

Veámoslo de nueva cuenta, de no ser por la fe, ¿podríamos encontrar motivos de alegría en el mundo enfermo y esquizofrénico en que vivimos?, ¿es posible tener esperanza cuando vemos a un líder que anuncia una guerra mundial, pero que en caso de darse va a estar en su bunker a cientos de metros de la superficie para su seguridad?, y así pueden seguir los ejemplos, y me parece que la misma tablita de salvación sigue siendo la fe en algo superior.

Maria es una buena oportunidad de volver a tomar conciencia de que no importa bien a bien en qué creer, es muy posible que esa pregunta sea insignificante, siempre y cuando se haga el viaje al interior, ante el único al que no podríamos mentirle, que es nuestra propia conciencia. María recuerda la introspección que es posible en cada persona como una oportunidad latente de tener más equilibrio, de ver al mundo desde otra perspectiva.

Probablemente María no tenga la mayor cantidad de aciertos, empezando por el idioma, pues es muy incómodo escuchar a la siempre bella Binoche hablando en inglés, y que la trama pueda caer en el posible “chantaje emocional”, pero aún así me parece una cinta entretenida que usa con precisión sus 86 minutos. Sólo una sugerencia para los distribuidores de películas (hay que tener la actitud y esperanza de que alguno me lea): no abusen para poner títulos, no todo es loco, explosivo o prohibido como en Hollywood, no pongan trampas de taquilla.

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Friday, October 26, 2007

Una historia feminista con rostro masculino


El universo femenino, por naturaleza, es complicado, cualquier sujeto que haya tratado de comprender la mente de una mujer entiende que un tratado de física cuántica es más simple.

En el caso del cine me ocurre algo similar. De manera directa, podría decir que en los 10 años que tengo de ver sistemáticamente cine encuentro honrosas excepciones: La vida sin mí, de Isabel Coixet; Sexo por compasión, de Laura Maña; A corazón abierto, de Susane Beir; por ahí existe una comedia alemana llamada Nadie me quiere, de Doris Dörrie; y bueno, pues esta semana se integra una más de estas excepciones a la lista: El favor, Eva S. Aridjis.

Aún así, El favor tiene algo especial, que igual por mi profunda ignorancia me exhibo, pero de todas formas lo voy a escribir: es cine feminista donde el papel central es masculino, sin que ello implique situaciones de homosexualidad.

Lawrence (Frank Word) y Caroline (Peige Turco) fueron pareja de juventud, novio de preparatoria, y en un breve flash back se expone la situación: la joven pareja está por separarse para irse a estudiar a universidades distintas. La promesa de amor eterno y el deseo carnal se conjuntan en una sola noche. Lawrence asegura que desea a Caroline como su mujer para siempre y Caroline es la que tiene la hormona desbordada. Francamente me parece una audacia de la directora el cambiar los roles afectivos y emocionales.

Sí, el tiempo pasa. 25 años después vemos a un Lawrence ya abordado por los años, calvo, sin su fina figura, vive solo, su única compañía es una perrita Lucy (perra se oye brusco) que bien puede ser la representación de Caroline. Es un fotógrafo de mascotas (todos hemos sido tentados por esa frenética y emocionante profesión) y también toma las impresiones de los detenidos en la cárcel local. La vida de Lawrence es una perfecta y gigantesca x.

Caroline, en la línea opuesta, sigue siendo una mujer atractiva, una madura ejecutiva que regresa a la ciudad de origen por la enfermedad de su padre (Alzhaimer), y bueno, ya divorciada del patán con el que concibió un hijo (¿que mecanismo perverso tendrán las mujeres para dejar al noble, casarse con el patán y terminar regresando para decir: la verdad siempre supe que el noble era el indicado?).

Lawrence es un sujeto tierno, hogareño, limpio, metódico, sereno…, bueno, que bonita mujercita sería. Lo fácil para una dirección emocional sería poner un reencuentro con Caroline, echar frases cursis, y después de algunas situaciones cardinales poner que el amor triunfa, que se da el amor en el otoño, o mejor aún, que por sus estilos de vida descubren maravillados que por 25 años creyeron una monumental mentira de amor.

No, la vida va a dar un giro diametral, partiendo del accidente más absurdo, más inverosímil, de esos que abundan cada día si nos ponemos a ver con atención nuestro alrededor, por lo que Lawrence termina siendo el tutor del hijo adolescente de Caroline: un auténtico gandul que no habla, que anda en su universo, que está chico para ser adulto y grande para ser niño: irresponsable en la escuela, con actitudes autodestructivas y con deseos de libertad económica y emocional (adicción a las drogas, pues)

Aquí viene otro acierto de la Aridjis, la relación de Lawrence con su nuevo “hijo” no está cargada de frases heroicas, no hay expresiones lapidarias, no hay meta conceptos (¡que palabras me apunto!) para dejar la moraleja en el cautivado espectador. No, la relación es fría, incomprensible, de notable incertidumbre de qué hacer. Ambos son dos extraños que tienen una pérdida en común. La ausencia de Caroline los ha metido en una misma casa y ninguno de los dos está preparado para la convivencia, ya no digamos para ternuras y afecto de familia.

En este entorno es que Aridjis empieza a entretejer temas afines, esos vínculos que hacen a la gente recapacitar de a dónde va la vida, del impacto de nuestros actos, vamos, de que a este chico gandalla le quede la certeza de que lo que hace tiene consecuencias. Reitero, no encontré en los diálogos de la cinta frases de exagerada ternura, para ello se encargan los movimientos de cámara y la musicalización, que sin ser elementos excepcionales llenan esos huecos de la estructura narrativa.

Varios momentos y catarsis irán moldeando esta relación de dos desconocidos. Lawrence admitiendo que ese chico es, finalmente, la oportunidad de tener ese hijo que nunca pudo tener con el amor de su vida; para el chico, descubrir que Lawrence es la mejor (única) opción si es que quiere hacer algo de su vida, tomar compromiso por algo o alguien.

El fin de la cinta sí tiene dos momentos emotivos, sí, hay que dejar salir esa lágrima, esa emoción cuando los dos protagonistas de la historia, luego de la crisis descubren que sólo tienen a ellos, y donde un moviendo largo muestra en la calle la oportunidad, el destino que puede salvar a un chico desorientado: una chica.

Es necesario ver El favor, es obligatorio dejarse lleva por una historia sencilla, pero bien contada, al menos eso me parece. Que las dos horas en la sala de proyección sea del agrado de mis cuatro lectores.

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Friday, March 17, 2006

Un triunfo más para Philip Seymour Hoffman


Normalmente el cine tiene un lugar más que especial para los directores. Son algo así como el pitcher del béisbol, el que luce, quien se lleva las palmas y quien en muchas ocasiones dimensiona o catapulta al actor. En mi caso, uno de los personajes más dominantes, profundos, enigmáticos y cautivadores es Anibal Lecter en El silencio de los inocentes. Me parece que desde entonces no he visto un personaje tan bien logrado en Anthony Hopkins. El mérito, me parece, es del director.

Otra dimensión del director que amolda historias y actores con un encanto único es Woddy Allen. El detalle más notable es que sus actores trabajan casi por nada de sueldo, pero saber que aparecerán en sus cintas es un costo más que gratificante. Cómo olvidar en Los enredos de Harry, si la mente no me falla, ver a Robin William salir fuera de foco en todas sus escenas. Humorismo fino y maravilloso, el motivo: el actor estaba fuera de foco, así de sencillo.

Este director americano que se diera a conocer con la cinta Bananas, (véala, y descubra el primer papel en cine de Silvestre Stallone) también ha conocido las penurias que como director se puede sufrir. Cuando tuvo a su cargo a Leonado Di Caprio, afirmó tras dirigirlo: ojalá vuelva a abordar el Titánic y que se vuelva a ahogar en él”. Sin duda los directores son los grandes creadores.

Pero también es justo mencionar que los actores pueden acceder a esos estratos, quizá tarde más, tal vez cueste mayor trabajo. Pero es posible. Actores como el francés Danuel Autil (El octavo días, El closet) llena la pantalla, pero si lo vemos en una cinta junto a Juliette Binoche, La viuda de Saint Pierre, su caracterización le cambia su fisonomía. No es plano es su apariencia, enriquece a la producción (por cierto, en México esa cinta tiene el espantoso nombre de El amor nunca muere).

Gary Oldman es otro caso. Podemos verlo el JFK, pero nada que ver su aspecto en El quinto elemento de Luc Besson, y así podríamos ir repasando todas sus desconcertantes personalidades encarnadas. Ese tipo de actores son una delicia en la pantalla, pues entienden que cada personaje tiene motivos, historia, detalles, relieves que los hacen únicos.

Y así podemos seguir con gente como Kevin Spacey, Danny De Vito, o Jim Carrey, que más allá de gustar o no de sus cintas son personas que agregan mucho a sus interpretaciones y que siempre se agradece en una sala cinematográfica, por eso es que ahora me gustaría hablar de Philip Seymour Hoffman, protagonista de la cinta Capote, pues es uno de esos actores que son verdaderamente profesionales y concientes de su misión como actores. Un ejemplo más a lo que apuntamos en este comentario.

Me parece justo hacer mención a que este tipo de actores no son de los que aparecen de pronto, me refiero al ámbito de la fama, sino que han sabido estar en la trinchera y sacar buenos personajes. El caso de Philip Seymour Hoffman lo podemos ubicar por el estudiante mañoso, corrupto y convenenciero en Perfume de mujer, sí, ese al que insulta Al Pacino en el diálogo culminante ante la junta de escuela.

También podemos recordarlo en el papel de un tímido, no, de un mentecato vecino de una modelo. Él sueña con poder estar con ella en total y absoluta intimidad y libertad sexual. Lo patético de su personaje es admirable, pues fácilmente podía ir a la ternura compasiva cuando en realidad se mueve por las aguas de la mediocridad y de la miseria humana cuando muestra que tiene aspiraciones de las que se ha convencido como propias y termina como el gran impostor.

Pero no queda ahí, el trabajo previo de Philip Seymour Hoffman, también se nutre de interpretar a un enfermero que se involucra emocionalmente con su paciente moribundo que resulta ser el padre del personaje que representa Tom Cruce en Magnolia, de Paul Thomas Anderson, y uno dirá, ¿pero qué relevancia puede tener un enfermero en una cinta de casi dos horas y media y donde se narran alrededor de 8 historias particulares y relacionadas? Bueno, ese es el trabajo de los grandes actores que logran explotar al personaje, que saben darle relieves propios, que no parecen clonados, y que no hacen gran escándalo en salir “feos” en la pantalla.

Philip Seymour Hoffman nos hace entrega de su última transformación, de su nuevo transe por la imaginación y el atrevimiento de hacer algo digno de ser comentado, y se trata de la cinta Capote, co producción canadiense norteamericana, dirigida por Bennet Millar, y que se encarga de ver un fragmento de la vida del escritor norteamericano Truman Capote (autor de Desayuno en Thyfanny)

Capote es una historia centrada en el contraste de la vida deslumbrante de Nueva York y el ambiente sureño, sereno y rural de Kansas City. Truman Capote se encuentra en la cumbre de su existencia pública y de pronto ve en una pequeña nota de un diario el caso del asesinato de una familia que conmociona su atención y descubre que ese será el motivo de su próximo libro.

Vale decir que la ambientación de la película me parece admirable, detalles como autos, peinados, cafeterías, trajes, modismos incluso, todo parece llevarnos a los años 60 en el sur de Estados Unidos. Es en este entorno donde Philip Seymour Hoffman empieza a desarrollar un personaje manipulador, obsesivo, truculento, cínico, que se trata de vincular con los motivos de los asesinos, pero con el disfraz de “la buena onda”, de la afinidad sexual con uno de los reos, ofrece un sujeto que moralmente tiene muchas cuestiones ideales para el debate de la conducta moral. Con todo esto, no llegamos a odiar al escritor, ¿razón?, quizás la buena representacuón de Philip Seymour Hoffman.

¿Qué busca Capote?, tiempo, necesita retrazar lo más posible la ejecución de dos sentenciados a muerte para que logre sacarles las verdad, el testimonio, la forma fría en que logran asesinar a toda una familia, de ir obteniendo esos pequeños detalles que terminan por hacer el que será el mejor libro de su vida. Capote hace de esta investigación perversa el motivo de su existencia.

A medida que avanza la cinta enjuiciamos al Capote que Philip Seymour Hoffman nos ha armado. Vemos su transitar de ser el centro de atención de un coktail en Nueva York, donde la burla clasista es la constante, pasando por ser capaz de pagar a la servidumbre para que le digan halagos públicos, aunque su círculo cercano sepa que es patético en su idea; para terminar con un Capote vencido y dolido hasta la penuria porque no pueda acabar su libro.

Es aquí donde cae el mayor peso en los hombros de Philip Seymour Hoffman, pues debe trasmitir esa angustia, hastío y amargura que le está dejando no tener a sus reos ahorcados, pues ahora paradójicamente con ellos vivos no puede dar por concluido su libro A sangre fría, donde la novela traspasa la grandeza y se basa en lo cotidiano. Un aporte que resulta muy caro para el ego y trayectoria de Capote.

Es aquí donde el la cinta proyecta su real aporte. El escritor está siendo torturado, está en el suplicio, está consumiendo su vida por la carga insoportable que le ha significado su libro, mientras sus dos fuentes de información se están gastando sus últimas esperanzas por extender el perdón de su sentencia. El dolor depende de quien lo vive.

Este Capote no tiene límite en mentir a todo mundo, solo vive para su mundo, para sus intereses. No tiene empacho en decir que su interés de trato con los reos es su historia, aunque con uno de ellos establezca una afinidad homosexual que explota las veces que desea y sin ningún recato. ¿Para qué pagar abogados buenos por un par de desconocidos con una historia atractiva si estos no sueltan los detalles perseguidos?, así se planeta buena parte de la historia.

La labor para el espectador es juzgar hasta dónde es válido atacar al lado emocional del victimario para después, por ejemplo, hacer presentaciones de lectura de sus adelantos y no sentir ni molestia, ni incomodidad, pero tampoco felicidad por sus avances. Capote pretende usar a los inculpados y termina sumido en un laberinto del cual ya nunca se puede reponer.

Capote es una película con ritmo, con una musicalización muy afín a lo que se narra, con movimientos de cámara que refuerzan el sentimiento de los personajes. Me atrevo a decir que es un cine muy aseado, apegados a los fundamentos de saber contar una historia, donde el perfil del escritor es constante, donde su homosexualidad no necesita de detalles odiosos de confirmación, donde el tono de voz de Philip Seymour Hoffman es atinado, sutil y claro a la vez. Capote es una cinta muy atractiva que vale la pena ver.

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Friday, March 10, 2006

Montañas muy ligeras


Cuando uno ve una película de Emir Kusturica (La vida es un milagro) vamos a ver una historia donde en las dos horas y fracción ocurrirán cosas interesantes. Si uno disfruta algún trabajo de Lars Von Tiers (Rompiendo las olas) sabe que en toda la cinta se trabaja un dilema ético profundo, en fin, entendemos que la pantalla se va a llenar de ideas, incluso que faltará tiempo e imágenes. Por si fuera poco, si deseamos verlas es a la brevedad, pues los distribuidores solo proyectan una semana o dos.

En contraparte, cintas como Secreto en la montaña se ven agotadas en los primeros 45 minutos, y a lo largo de lo 85 minutos restantes el director, Ang Lee, trata de convencernos de tiene historia, que va a decir algo interesante, pero el relato se va diluyendo en situaciones ordinarias, cuando trata de exponer algo muy profundo y emotivo.

Vayamos por partes, cuando se indica que Secreto en la montaña está ubicada allá por 1969 no hay algún otro referente sólido que nos hable de la época, es decir, bien podría ser una historia en 1959, en 1967 o en 1997. La ambientación no puede depender solo de un bigote incidental o algunas patillas abundantes en los personajes. Existen referentes históricos, muebles, estilos arquitectónicos, utensilios, vamos, contacto con el resto del mundo. Secreto en la montaña está ligero en ese detalle.

La fotografía es bonita. No interesante, no agresiva, no contrastante, no provocativa. Lo bonito es convencional, común, zona ya experimentada. Además, Lee se ve casi obligado a caer en la necesidad del cine hollywoodense de ver todo y no dejar nada para la interpretación. Si en la cinta se narra que a un homosexual lo arrastran por el desierto hasta que su pene se desprende de su cuerpo, ¿en realidad es necesario ver esa escena para darnos una idea de la brutalidad?, en la lógica de Hollywood sí. Ahí es el gran problema del cine comercial: se recarga en la brutalidad denotativa y no en la contundencia connotativa.

De la música podemos decir otro tanto. Bonita, solo se espera un momento en que salga ese famoso vaquero que el cáncer acabó, y que nos invite a ir al mundo Marlboro. En fin, en el universo Hollywood todo cuadra a la perfección.

Estos detalles periféricos, de apoyo, cuadran a la perfección con los personajes de este drama que nunca llega al real conflicto. Jack Twist y Ennis del Mar (los vaqueros en cuestión) son personajes que tiene mucho para ser explotados, pero me parece que terminan siendo débiles. A lo largo de la historia en ocasiones uno es el fuerte, en otras ese mismo vaquero está lleno de dudas. No me refiero con esto a hacer personajes unidimensionales (malos muy malos y buenos muy tontos), pero cuando se trata de poner sobre la mesa un tema novedoso, pues hay que ser arriesgado y hacer personajes poderosos.

Los roles femeninos y masculinos que se manifiestan en la realidad no se ven con seguridad. Vamos, incluso como que no hay esos cuestionamientos personales que deberían atormentar a alguno. No son homosexuales declarados, impensable en el contexto que se vive, pero a su vez no hay una rebelión contra su vida heterosexual. No hay enfrentamiento. Todo es latente, pero no se profundiza.

Nuestros vaqueros emotivos saben que no pueden vivir juntos, ambos aceptan que no pueden hacer público su amor, y sin embargo sí hay más gente que los ve, como su patrón, Aguirre, o la esposa de Ennis, y sin embargo nunca hay reclamos públicos; en una sociedad sureña tan gustosa de hacer persecuciones (el caso del vaquero mutilado) o de colgar de un árbol a delincuentes, todo pasa serenamente. La vida se maneja con bajo perfil, demasiado bajo. Claro, los personajes sufren, entrarían, queriendo, en el poema de los amorosos, pero eso sería mucha audacia para un cine que en el fondo es políticamente correcto.

Eso sí, hay espacio para bosquejar que Jack busque esa compañía masculina al sur (ya se imaginarán qué está al sur de Estados Unidos), que Ennis, pastor de ovejas, se enrole en las filas del rodeo y aunque lo deteste lo haga para sentirse cerca de Jack (vaquero de profesión). Somos testigos de cómo las hijas de Ennis van creciendo, pero nunca hay reclamos contundentes, catarsis sobre un padre que está confundido en sus sentimientos y sexualidad. Una señora del Mar que calladamente soporta el secreto de su esposo, pero que cuando estalla no logra convencer sobre el infierno que carga en sus espaldas. Buenas perspectivas, pero escasamente explotadas.

¿Por qué insistir en la catarsis?, piense por un momento en películas de John Wayne, ¿se lo imagina viendo a dos vaqueros besándose y que se quedara sereno, les ecahara una mirada fea y les dijera "fuera de mi vista"? En la lógica del vaquero tradicional, histórico, claro que no. Los cose a balazos, los acribilla sin el menos recato. La hombría jamás podía estar en duda. ¿Se podría pensar entonces que es parte de un comportamiento que es más o menos común pero que se oculta? Tal vez sí, pero no se explota en la cinta. Quizás sea otro de los misterios guardados en la montaña.

No se trata de promover intolerancia, de fomentar homofobia. Pero no me queda la menor duda de que al momento de hacer la cinta se piensa en mercados, en no ofender a segmentos poblacionales. Pero si se hace una cinta para que nadie termine molesto, pues ya para eso se creo al emporio Disney (que también es todo un caso). Secreto en la montaña refleja miedo de entrar en temas espinosos, incómodos, que restarán popularidad, que generarán protestas y manifestaciones, ¿entonces para que entrarle a estos temas?..., oh, cierto el dineroy popularidad.

Con todo y esto que se comenta, la cinta tiene coherencia en su ligereza, vamos viendo algunas circunstancias que incluso parecen anecdóticas. Ang Lee se encarga en casar a sus vaqueros cariñosos en rápidas secuencias. Cuando le interesa divorcia a Ennis, éste también establece una relación con una mesara de un bar (qué original) y de pronto la termina, claro, Ennis quiere a Jack, pero eso no aflora de manera clara, es decir, ¿basta con que Ennis sea una persona reservada para que esto nunca emerja?

Con algunos diálogos que buscan ser atractivos, con otros que pasan intrascendentes, con algunos momentos que mueven a la ternura bonita, pero en suma, son pocos los instantes en que se rompe la línea tradicional de un cine que merezca un óscar.

En fin, me parece que de nueva cuenta Hollywood termina por ofrecer una cinta correcta, que se disfruta en una noche como se puede gozar de una pizza. Seguiré convencido que la mejor actuación de Jake Gyllenhaal ha sido Jimmy Burbuja, y no es sarcasmo, la cinta me parece más que divertida y más profunda si se considera el nivel e intención discursiva que busca exponer

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Friday, February 17, 2006

La pantera 2006, no está tan mal


Tengo deseos de hablar sobre el estreno de la semana, en este caso La pantera rosa, y en verdad que es algo complicado no quedar como desmemoriado o como un amargado que se quedó en el pasado.

Ahora bien, ya había comentado en anteriores ocasiones que gusto del cine diferente, bueno, en eso me mantengo, pero no puedo negar que sentí mucha curiosidad por ver la nueva versión de esta emblemático personaje surgido allá por los años 70. La nueva versión no es mala, incluso sería muy buen referente para que las “nuevas generaciones” (cliché más bien tierno) pudieran verificar las fuentes originales.

La versión de este 2006 tiene las características básicas del inspector Clouseup, un investigador atolondrado, que gusta de presumir el estar siempre alerta, que destruye las cosas con asombrosa facilidad, y que por alguna circunstancia al final se sale con la suya y logra resolver el misterio o el crimen.

El inicio de la película, fiel a la idea original, es con una introducción, claro, ahora es más vertiginosa, tan musicalizada y con movimientos de cámara que más semejan a un video musical que a una cinta. Se expone un crimen y la desaparición de una joya, desde luego, llamada Pantera Rosa. Un “dos por uno” que se explica en solo unos breves minutos (claro, no se puede sustraer la nueva historia de contextualizar la situación en torno al fútbol y un campeonato mundial, queremos suponer)

Una vez planteado el escenario vienen los créditos. Cuando niño disfrutaba la presentación de éstos, era maravilloso poder ver una serie de chistes gastados de toda la vida en donde la esquiva pantera se burla del inspector. Me parece más que correcto que en esta nueva versión se presente en inspector semejante a Steve Martin y no a Peter Sellers (¿quién?, dirían muchos chavitos de hoy).

La historia en adelante es sencilla, Clouseup no requiere más, es la incompetencia de este personaje el que llena la pantalla, se espera alguna caída, una explosión, arrojar algo a la calle para que ocurra una desgracia simpática, en fin. He de reconocer, Steve Martin me parece un buen actor, con muchos recursos, y los demuestra en la cinta, digamos que las quejas irían hacia la dirección.

Me parece que el inspector Clouseup es un personaje con mucha dignidad, ahí está la clave de su encanto. Por ello me parece una exageración ponerle pantalones zancones a lo largo de toda la cinta.

Síntoma de los nuevos tiempos del humor, me parece que los desastres de Closeaup eran tan maravillosos que no necesitaban del chiste escatológico. Sinceramente no me imagino a Peter Sellers en una historia en donde se mete en una habitación a prueba de sonido para echarse cuatro pedos, como que ese estilo no es para el inspector en jefe Clouseup.

Que hay buenos momentos, no se dudan, caídas por escaleras del metro, accidentes provocados a ciclistas, la forma en que pretende dominar la dicción del inglés, el destrozo de un segundo nivel de un hotel, claro, después de ocasionar un cuasi incendio con la respectiva devastación de las tuberías del agua. Sin embargo he de reconocer que no encuentro aun ese momento magistral que hace que en ocasiones una película entera valga por ese instante.

En contraparte, vemos que hay ya descuidos y olvidos que pueden ser menores, pero me llama la atención el desinterés por una cualidad que hizo maravilloso el inspector hace 30 años, el disfraz. Salvo una escena casi al final de la cinta, no se toca ese punto, cuando el personaje inicial hacía gala de buscar alternativas en su presentación, ya sea como un Lautrec, como un marinero con un perico inflable, o de comprar alguna nariz o dientes prominentes para encubrir su apariencia natural.

¿Y dónde quedó Kato?, las memorables escenas de este oriental, sirviente de Clouseup, desaparecen, cuando mucho se avisa en un par de ocasiones que el inspector ataca sin previo aviso para mantener alerta a su asistente Ponton (personaje bastante simpático y bien caracterizado por Jean Reno). Quizás Kato es una de las víctimas de la globalización en donde a los viejos se les llama adultos mayores (o peor, en plenitud) y cualquier giro sexual o racial se toma como una falta gravísima e intolerable. Claro hay toques claros de xenofobia cuando el inspector francés señalaba el tono amarillo de su sirviente al alertarlo para que en ese momento no fuera atacado, y sin ambargo así y todo, era bastante divertido e inofensivo.

Clouseup y Kato es como ese sueño que mucho tenemos de poder entrar a una casa y dar rienda suelta a una violencia que al menos por mucho tiempo era divertida, el sueño de poder destrozar una habitación, de romper puertas, paredes, de terminar manchados de pintura, vamos, todos esos impulsos destructivos que quizás ahora son tan políticamente incorrecto, pero que hace 30 años eran en verdad disfrutables.

Detalles como un policía obsesionado en tener una noche de gozo con una bella mujer no es el estilo de Clouseup y no por dudas de su virilidad, sino porque simpre terminaba ligándose a la chica de la película, era un imbécil, pero un imbécil muy sexy para las damas, al menos antes. Ahora la necesidad de basar el humor en poder y sometimiento se refleja en una pastilla de viagra que promete a nuestro nuevo investigador poder cumplir con ese sueño que parece ya ser global.

No hay que olvidar el detalle de cómo el inspector en jefe queda enamorado de la hamburguesa; me parece un aviso de que finalmente el productor le recuerda al público quien puso el dinero. Suena poco lógico que algún ciudadano occidental, vamos, y más del primer mundo, nunca haya probado una hamburguesa. De acuerdo, justifica un momento de la cinta para poder develar el misterio del robo de la Pantera Rosa y del asesinato.

El final es predecible, ¡y que bueno que lo es así, tampoco se va a sufrir por este tipo de películas!, se da un recuento de los hechos al más puro estilo inglés de Miss Marple, es decir, un relato cronológico (con todas las cámaras de TV, of course) donde todos los implicados están en la misma sala. Se entiende, hay que ordenar el rompecabezas.

Conclusión, Clouseup soluciona el problema, ocupa un lugar que quien lo conozca no sabe como ha llegado ahí, y menos cómo se habrá de sostener, pero bueno, es en el cine donde se deben contar ese tipo de historias que en la vida real y diaria no indignan tanto.

La cinta, reitero, tiene sus momentos, busca hacernos pasar un momento divertido, no olvidemos algunas versiones ochenteras sobre el mismo personaje, en una de ellas con un personaje como Roberto Benigni, que pasa, me parece, por nieto de Clouseup (¡!), es decir, esta nueva versión, para ser honestos no es mala, solo es para seguir reconociendo que un talento como Peter Sellers merece seguirse siguiendo en sus “pistas”.

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