Friday, April 25, 2008

La decisión cargada por alguien más


Rumania, 1987, un país sumido en la miseria, en la apatía, donde el mercado negro es lo común, y en ese entorno es que Gabita tiene un problema que hace más complicado el ya de por sí complejo entorno, pero no se puede quedar serena, necesita abortar.

La operación es compleja, el régimen comunista tiene la paradoja de una profunda red burocrática, que con todo y su paquidérmica estructura tiene un sistema de vigilancia constante y siniestro.

La operación será ejecutada, coordinada y sufrida por Otilia, amiga de Gabita, y que tendrá que contactar al doctor que hará el "trabajo”, conseguirá una habitación de hotel, que obtendrá el dinero que suponen será suficiente, que será parte del pago (costo adicional), y, desde luego, ser la responsable de deshacerse del feto de Gabita.

4 meses, 3 semanas y 2 días, se estuvo amasando desde 2006 por el guionista y director Cristian Mungiu, y a lo largo de la historia podemos ver el influencia del Dogma 95 (Las películas filmadas de acuerdo a este movimiento deben ser filmadas en escenarios naturales evitando las escenografías armadas en los estudios, con cámara en mano o al hombro, grabada con sonido directo y sin musicalizaciones especiales. Todas estas especificaciones buscan dar a la historia un tono más realista), aunque el dilema en cuanto a su estructura narrativa me parece que tiene la influencia del director polaco Kristof Kieslowski, lo que lejos de minar la cinta, le dan un tono muy original.

Es en este ambiente que Mungiu se adentra en las presiones del ser humano, en el universo femenino que ve en la situación de la amiga lo que podría ser la vida propia, en la culpa que nos persigue, en la soledad en que el ser humano debe buscar soluciones, y lo más desgarrador, soluciones que no son propias.

El reparto descansa en tres personajes, Anamaría Marinca (Otilia), amiga de Gabita, y que será la responsable de que toda la operación tenga “éxito”; Laura Vasiliu (Gabita) es la chica embaraza, solitaria, y que me imagino funge de tonta para faciltarse la negación de la realidad: nunca contacta físicamente al doctor (lo hace Otilia), no confirma la habitación de hotel (la consigue Otilia), dice que tiene 3 meses de embarazo (pues tiene 4), no sabe la periodicidad de su cuerpo, en fin, ella sólo desea quitarse ese problema de encima.

Los personajes centrales se cierran con Vlad Ivanov, el Sr. Bebé, un doctor hosco, seco, agresivo y notablemente misógino (además de pragmático), no tiene mayor mérito moral su personaje, va al punto, impone con violencia sus condiciones (está en posición de hacerlo), y hace de su “ayuda” una situación de cobro en donde el dinero, Gabita y Otilia entran en el mismo paquete.

Los diálogos y la musicalización serán escasos a lo largo de la cinta, el relato es con imágenes, resultando muy acertado diálogos en donde sólo vemos a uno de los sujetos, como si se tratara de un diálogo con la nada, con nadie, un diálogo interno y que nos enfrenta entre la realidad y la negación tramposa.


Sí, el aborto se logrará, y eso no significa contar el final, la historia va mucho más allá, se funda en la culpa que nos perseguirá, que nos acosará, donde Otilia va a representar a esa parte paternalista de toda sociedad que trata de ocultar sus culpas en la basura (ver comentario de La zona), y sin embargo, al final, un plato de cerdo, tuétano y demás vísceras será un golpe, una cachetada que para una será un recordatorio de lo que ha pasado, en tanto que para la otra será la cadena de remordimiento del alto precio que se ha pagado.

4 meses, 3 semanas y 2 días es una cuenta regresiva a nuestras decisiones, para la acción, para el rompimiento de la ley, para el pago más obsceno, y sin embargo, al final, ser sólo un pasaje más de la dura vida que la mayoría de la gente enfrenta día tras día.

Por lo pasillos del video club

Gracias por fumar es una cinta que va más allá de un título sugestivo, es una cinta de Jason Reitman (Juno, Los cazafantasmas 2), y más que ser una cinta irreverente por el tema de las tabacaleras y su defensa, es una excelente ejercicio de inteligencia en el guión que se comparte con el cinéfilo que gusta de ver la otra cara de un tema que pudiera estar trillado. No hay consejos morales, y demuestra lo que a veces pareciera obvio: no hay verdad ni mentira, todo depende como se argumente la defensa o la crítica. Cinta que considero imperdible y de notable uso académico.

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Thursday, March 27, 2008

La fidelidad narrada en tatuajes


El cine de David Cronenberg, dentro de lo bien hecho que resulta, es perturbador. Revisando su filmografía, salvo algunas excepciones, es de gran intensidad, y de notable empatía con el espectador, y para mi el mayor ejemplo es Crash (1996), aunque Promesas peligrosas me parece mejor lograda.

Easter Promises (título original) es una cinta en donde se expone la forma en que opera la mafia rusa, pero no en un sentido de crimen por sí mismo, sino en sus códigos. El ambiente que se pondrá será el aducado y correcto Londres, que es uno de los lugares donde las familias mafiosas han extendido sus influencias.

Desde el inicio el director jugará con los sentimientos y emociones del espectador, un degollamiento y posterior preparación del cadáver (cortando dedos y arrancando dientes) mostrará el perfil necrófilo tan habitual en el negocio de la mafia. Paralelo a este círculo de ajusticiamientos, una enfermera partera se involucrará en el caso de una niña, recién nacida, que por extrañas circunstancias resulta estar involucrada con la familia de mafiosos en cuestión, un diario será la llave de entrada y que a la vez la expondrá a los naturales peligros que conlleva.

El reparto de esta cinta de Cronenberg descansa en Viggo Mortensen (su nuevo fectiche fílmico, pues ya lo dirigió en Una historia violenta), Naomi Watts (la enfermera partera), un soberbio Vincet Cassell (el patriarca mafioso), y Sinead Cusack como el hijo idiota heredero.




A lo largo de la cinta, el director canadiense gusta de jugar con los personajes en sus acciones, es decir, Nikolai (Motersen) es un chofer, y paulatinamente se va involucrando con la familia, conoce los códigos de la mafia, es discreto, gélido, eficaz, no tiene miedo y ya es inmune al dolor, domina los métodos, sabe que su madre es una ramera y que su padre no existió nunca, su única familia es la mafia.

Promesas peligrosas, además, tiene la gran virtud de poner una violencia en verdad profunda, es decir, lo que en otras cintas puede ser grotesco, incluso ridículo, como las cintas de terror, en las imágenes de Cronenberg resulta natural, crudo, pero justificado, la sangre y el dolor son parte del relato, y como tal hay que involucrarse, pues sus imágenes logran trasmitir lo que es el dolor y la angustia de la vida que se escapa por el tajo de una navaja.

Un secreto es lo que dará unidad y coherencia al relato, de nueva cuenta se pondrá un ambiente misterioso, de poca claridad para el que está fuera del círculo selecto, el escalar en la sociedad, el saber ver y callar, el relatar tu vida por medio de tu cuerpo tatuado es lo que veremos en Promesas peligrosas, pero no por ello hay que bajar la guardia, no todo en la maldad ni es unidireccional, existen normas y líneas que no se pueden saltar, trazos hereditarios, crímenes a infantes, o fidelidades a prueba de la dignidad misma se expondrán y el espectador tendrá que notar esto en el estilo fílmico de Cronenberg, o en su defecto, salir de la sala, pues no se trata de un cine cómodo.

Es muy seguro que quede para la memoria del cinéfilo la iniciación de Nikolai en su nueva familia, la lucha a muerte que tiene en un baño sauna (ahí si que hay una demostración clara del dolor, de dirección y de compromiso del actor), de los lazos que unen a una familia, donde lo que en verdad cuenta es salvar en todo momento a la cofradía, y en medio de todo ello, la defensa de la inocencia nacida de la misma barbarie.

Promesas peligrosas cuenta lo que desea el director en el momento adecuado, pues no hay empacho en guardar un as bajo la manga, sin el cuál la bondad y compromiso de vida no se podría entender.

De ninguna manera pretendo afirmar que la película de Cronenberg nos hará expertos en los códigos de la mafia rusa, pero sin duda es un acercamiento muy interesante, muy bien fotografiado y con una estética en sus cuadros, que mantendrá al espectador atento, muy tenso en su asiento, y al final saber que es posible que aún haya esperanzas de que en algunas ocasión, los buenos ganen.

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Tuesday, March 25, 2008

Falsificadores en una lucha real


Cuando uno pone un poco de atención en los registros históricos no puede uno menos que asombrarse de que las cosas hayan resultado como las conocemos. Sin duda que un hito del siglo XX fue la segunda guerra mundial, y por ejemplo no deja de llamar la atención que quienes estaban en verdad pactados en sociedad fueron los que perdieron, y lo aliados, que sólo tenían ese nombre, fueron los ganadores pese a sus notables rivalidades.


La cosa no para ahí, a la fecha las técnicas de propaganda y adoctrinamiento mantienen la esencia que perfeccionó Goebbels, y por si fuera poco, lograron desarrollar un sistema de falsificación que pudo llevar a la quiebra a la economía inglesa y americana, ¿entonces por qué perdieron?, tal vez por pactar con sus enemigos en plena guerra.


La Operación Bernhard fue ideada por Reinchard Heydrich, aprobada por Heinrich Himmler y ejecutada por un coronel de las SS llamado Berhard Krüger.¿En qué consistió?, el 10 de marzo de 1944 nueve prisioneros judíos de Auschwitz, presos por falsificación, cinco de ellos polacos, un holandés, un francés, un checo y un apátrida fueron llevados a Sachsenhausen para trabajar en un proyecto a gran escala de falsificación. Uno de los expertos del equipo de 142 falsificadores fue Salomón Smolianoff un ruso que falsificó billetes de banco británicos de 50 libras en 1927 y que fue arrestado en Ámsterdam. Otro fue Adolf Burger, un eslovaco judío experto en impresiones falsas. Burger fue apresado por la Gestapo por falsificar documentos de identificación personal para comunistas en Bratislava y enviado a Auschwitz (las memorias de Burger son la base del guión de la historia que comentaremos).


Este entorno histórico es el fundamento de la cinta Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky (director que ya ha dirigido Anatomia, y su secuela, dos cintas de suspenso), y que en esta ocasión plantea las diversas ópticas en que se enfrenta un lucha de supervivencia en un campo de concentración.


El dilema en simple, por así decirlo, los nazis están exterminando a las razas inferiores, los judíos en primer lugar, y sin embargo seleccionan a los más aptos en el “arte” de la falsificación para realizar la operación que más arriba se detalló. ¿Que hacer?, cooperar a fin de mantenerse vivos y bien alimentados en el campo de concentración es una opción, sabotear la operación para forzar la eventual derrota nazi es la otra posibilidad.


A lo largo de la cinta de Ruzowitzky se van encontrando momentos que aunque no llegan a un suspenso absoluto, sí queda en evidencia la lucha por la supervivencia, aunque se trate de presos VIP, en donde se encuentra tiempo para la negociación, para la aceptación de conveniencias ( Krüger reconociendo que no es nazi, pero en conveniente pasar por uno), Salomón cuidando de hacer su trabajo para conservar la vida, pero sin pensar en denunciar a quien está saboteando el trabajo de todo el equipo.



No me queda duda alguna de que Los falsificadores no pasará a la historia como la mejor película de dilema ético, pero si es una perspectiva un poco más honesta del holocausto, en el sentido en que se ve que los nazis no eran tan “honestos” en su convicción, eran capaces de limitar su brutalidad en pro de un beneficio, de judíos que vieron también el fenómeno con un pragmatismo que los ha caracterizado o incluso estigmatizado.


El valor de la cinta estriba en haber expuesto una lucha digna y honesta en medio de estafadores profesionales. Para algunos presos la lucha era mantenerse vivos, para otros era la forma de acabar con el monstruo desde sus entrañas, para otros era soportar el dolor del holocausto en su familia. Esa era la real batalla, una batalla tan evidente como las falsificaciones que a más de uno lo mantuvieron vivo.


Los falsificadores es una cinta muy amena, que se disfruta, con una fotografía que acentúa muy bien el estado de sometimiento, y que presenta una perspectiva más al holocausto, a mi juicio, una óptica más a real y cercana.

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Tuesday, March 18, 2008

Una vida condenada por la mentira

Briony (Saoirse Ronan de niña, y Romota Garai de adulta) es una niña que siente la aspiración de ser escritora, a sus 11 años ya escribe obras sencillas que planea representar en las reuniones familiares. Cecilia (Keira Knightley) es su hermana mayor (de unos 19 años), es una mujer muy atractiva y que vive una sensualidad muy avanzada a su época (1936), en tanto que Robbie, (James McAvoy), además de tener la edad de Cecilia, es el hijo de una sirvienta de la casa, y técnicamente ha sido adoptado por la familia Tallis (la familia de Briony y Cecilia), estos tres personajes son los protagonistas del drama psicológico Expiación, deseo y pecado, dirigido por Joe Wrigth.

Sobre Joe Wrigth no hay mucho en su filmografía, sólo se puede anotar una cinta llamada Orgullo y prejuicio, y si nos guiamos un poco por la idea de los títulos podemos ver que es un director que gusta de los juegos de apreciación, de criticar a la doble moral de la sociedad (y que parece encontrar en el pueblo británico un ejemplo claro).

Expiación, deseo y pecado (novela original escrita por Ian McEwan y titulada por él como “Atonement”), rompe el hilo narrativo lógico, nada es completo sin alguna de las partes, y es así, por medio de fragmentos que la cinta va presentando elementos al espectador para que éste haga su propia imagen, tome partido, e incluso sea engañado por algunos instantes.

Existe, como siempre, un macroentorno que es la inminente guerra mundial, en tanto que el microentorno es la el amor, o atracción, mejor, la fantasía de Briony hacia Robbie, la cual lo hace celar sus pasos, estar pendiente de su flirteos con Cecilia, exponer su vida para asegurarse que Robbie será el caballero galante que la librará del apuro, y más, en un arrebato de celos (o de protección) inculpará a Robbie de una violación con nada más que su conicción de que así debieron ser las cosas. Robbie terminará en prisión, ¿por ser culpable o por no tener un respaldo aristocrático que lo libre del problema? Es fácil adivinar cuando es el hijo de una sirvienta y ha mordido a la mano generosa que antes lo protegio.

La cinta de Wrigth dará continuos saltos, de pronto veremos que el tiempo recorre cuatro años, donde vemos al recluta Robbie tratar de salvar su vida en la playas de Dunkerke, donde Cecilia ha roto en definitiva con su familia por la traición de Briony, en tanto que ésta deja su futuro universitario para enlistarse como enfermera militar, pero después podemos regresar dos semanas, con lo que la atención del espectador se fortalece. Sí, los tres protagonistas de estas historias enlazadas viven su expiación, el deseo y la culpa del pecado.

La culpa y la búsqueda frenética de Briony por lograr rearmar el rompecabezas que adulteró será el pecado que tratará de expiar, sus pasiones por la literatura será el escape, el legado, la disculpa por haber separado a los amantes, por haber sido el obstáculo a su deseo, pero cuidado, no hay que engañarse con la idea de una salida rápida, de aclarar el malentendido y esperar a que la guerra termine.

Briony, como enfermera verá el dolor, la angustia de hombres y mujeres que han dado su vida por defender una causa extraña (¿por qué tenemos que defender a los franceses si éstos nos odian, reflexiona un soldado inglés), en tanto Robbie tendrá que vagar, con sus ojos ser testigo de la poca gloria que hay en la guerra, del caos y miseria a donde es arrojada la dignidad humana en pro de gloria propagandística, asido a la imagen de una postal, que como promesa de paraíso, se mantiene firme en este infierno donde no tiene un Virgilio que lo guíe o lo entregue a su Beatriz.

El salto magistral de la cinta vendrá al final, unos 50 años después, donde veremos a una Briony envejecida, víctima de una enfermedad que aunque cruel, le permitirá a su alma y a su memoria borrar el infierno que creó, un final poético para el nada poético final que Robbie y Cecilia encontraron.

La confesión de Briony se constituye en la pieza central de la cinta, y sin embargo se guarda al final, creando un estado de empatía con el sufrimiento de los amantes que bien vale la pena vivirlo en la sala fílmica.

Quizás la doble moral sea uno de los puntos que los filósofos han descuidado de la naturaleza humana, es posible que cintas como Expiación, deseo y pecado sea un ejercicio de armado de una realidad que nunca está definida, en donde todo depende de momentos cambiantes, esquivos, y que sin embargo son el combustible por el cuál vale la pena vivir.

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Monday, March 17, 2008

Una charla reveladora


En la filmografía de Zabou Breitman sólo encontré el antecedente de 2002, Acordarse de las cosas bellas (que no recuerdo en nuestra cartelera saturada de plástico fílmico), y sin embargo su nueva propuesta El hombre de su vida presenta un interesante ejercicio de búsqueda de la identidad humana por medio de una visión integral y con varios perfiles muy bien trabajados.

El hombre de su vida se centra en una casa de campo donde Frederic (Bernard Campain) es un esposo como cualquiera, atiende a su hijo, quiere a su esposa Fredérique (Lea Druker) y goza de un verano en el campo en compañía de sus vecinos. Unas vacaciones campestres que parecen ideales para cualquier familia feliz.

La historia no tiene giros espectaculares o de sensualidad exagerada, sólo sugiere un cambio de perspectivas que va introduciendo al espectador en un ambiente de estética, de búsqueda de respuestas, de esa identidad y de apariencias que por paradójico que suena, en su perversión mantiene cohesionada a la sociedad.
Es en este ambiente amable que aparece Hugo (Charles Bergin, a quien ya vimos en Padre e hijos), Hugo es un diseñador que puede pasar por libertino, es homosexual, gusta de la belleza un tanto andrógina, nada desnudo en su alberca, vamos, se podría decir que es un metrosexual metido en la campiña.

Por medio de intensos desgloses de un diálogo en particular, Breitman nos va presentando a un Hugo amable, pero a la vez intenso cuestionador de los principios que agradan a la sociedad: amor, matrimonio, estabilidad, fidelidad, entre otros. Hugo es apasionado, pero no alza la voz, y paulatinamente va inquietando a Frederic, quien empieza a ver en Hugo como alguien más allá de un vecino con ideas sofisticadas.

La metáfora se completa de dos formas, digamos que la visual es cuando ambos pesonajes se internan en el bosque para trotar, Hugo siempre irá de frente, y su cuerpo será delineado por los rayos del sol, este reflejo matutino marcará el camino para que Frederic empiece a dudar no de su masculinidad, sino de los valores a los que ha apostado en la vida y que hacen a Hugo tan sólido, tan admirable, tan atractivo en su forma de ser y de buscar el equilibrio.

Ahora, la metáfora se complementa con Hugo cargando a Frederic, pues se ha lesionado en su trote matutino, y es así como este caballero carga en sus hombros a un Frederic que es conducido por campos de una belleza particular, la imagen que da motivo al cartel promocional es un campo de girasoles, lo que me parece que se puede interpretar como el movimiento de la flor en idéntica manera a como Frederic ve a Hugo, es el sol al cual va a tener que voltear a ver como su nuevo referente.

Sí, la cineasta francesa va a dulcificar la imagen del hombre en su búsqueda de identidad, pero no va a dejar pasar por alto el rechazo a la homosexualidad, el distanciamiento de las familias por preconceptos sociales y morales, la angustia y crisis de la familia que está viendo trasnformado su equilibrio, así como la violencia sexual que tan comúnmente se ve cubierta por la educación y las buenas formas.

El hombre de su vida es un buen ejercicio de seguimiento fílmico, donde una charla al amancer será como un nuevo despertar para Frederic, pero el exponerla desde diferentes ángulos, y descubriendo poco a poco el contenido de esa plática hace que la cinta no pierda intensidad.


La dirección de la película no pierde de vista el juego de las imágenes narrativas, como el departamento de Hugo, donde un piso de vidrio nos permite ver la estética masculina con ternura, con inocencia, con una candidez que sólo una mujer puede trasmitir; o bien, en un juego de sombras que van completando palabras al ser proyectadas sobre un muro de su despacho y así hacer que la oficina de Hugo tenga ese perfil camaleónico. El hombre de su vida obliga a que el espectador permanezca atento a lo largo de sus casi dos horas de duración.

La experiencia va a confirmar algo a Frederic: no es invencible, tiene debilidades, y permanecer ajeno a esto es tanto como traicionar su propia existencia, su alter ego, representado por su hijo vestido de súper héroe, terminará por evidenciar el dilema en donde ahora el protagonista tendrá que buscarse.

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Tuesday, February 05, 2008

Un cachorro bien dirigido

Hace algunos años tuve la oportunidad de ver La buena vida, del director David Trueba, donde contaba el súbito cambio de vid de un chico que de ser hijo de familia se convierte en huérfano, lo que es aprovechado para contar divertidas escenas de la vida de un niño que de la infancia va adentrándose en la adolescencia.

Ahora llega a la pantalla, y para variar con poca difusión, Cachorro, cinta española de Miguel Albaladejo, un film que no está hecha para buenas conciencias, no tiene moraleja fácil, ni tiene interés en aparentar lo que no se es.

En la página web de la cadena de cines que exhibe se anuncia como una comedia, lo cual, la verdad no me parece lo más atinado. Pedro (José Luís García Pérez) es un profesionista, es homosexual y le gusta vivir solo, lo que va cambiar por un breve periodo, pues su hermana Violeta (Elvira Lindo) le deja a su cuidado a su hijo, Bernardo (David Castillo), en tanto ella hace un viaje místico a la India.

A Pedro no le hace gracia la idea, no se siente a gusto con niños cerca de él, vamos, ni siquiera la idea de vivir en pareja con alguien, por su parte, Bernardo es un chico aplicado, sabe cocinar, es ordenado, y no tiene ningún tipo de angustia o prejuicio con la homosexualidad de su “tiíto”.

Los eventos van a verse modificados cuando ocurre una llamada del Ministerio del Exterior a casa de Pedro, la astucia del Albaladejo es evidente, en la lógica "hollywoodense" uno supondría que Violeta ha muerto. No, Violeta ha sido detenida I(encarcelada), por viajar sin papeles oficiales y con drogas. Lo que eran una vacaciones para Bernardo y una temporada de guardar ciertas formalidades para Pedro termina siendo ya una responsabilidad de tiempo completo.

La nueva convivencia entre Pedro y Bernardo está alejada de momentos cursis, sin frases grandilocuentes, de clases de moral llevadas a última consecuencia, es decir, Pedro no dejará su vida sexual libre ni Bernardo le cuestionará sus gustos o su estilo de vida.

El antagonista saldrá del pasado, Bernardo no tiene a su madre, pero tampoco tiene padre, se dibuja la imagen de un padre que lo perdió todo en las drogas y ahora la abuela paterna es la que busca a su nieto. No se trata de un personaje maligno por necesidad, claro, no es tampoco una anciana tierna, es una mujer que como una inmensa mayoría de personas que vive un infierno particular de temores, de remordimientos por la mala relación con su nuera y su nieto, y la idea de que viva con in pariente homosexual es algo de simplemente no puede aceptar.

La separación va darse, es inviable que Pedro sea una figura moralmente sólida, tampoco la abuela es la opción, pues Bernardo se siente más a gusto con los amigos y parejas de su tiíto. La distancia vendrá por medio de un internado.

Este escenario es adecuado para poner estampas de la vida y sentimientos de Pedro, de lo práctico que ve la vida, de lo duro que a veces hay que enfrentar los conflictos, la dirección de la cinta no tiene falsos pudores de ver a una pareja homosexual entregándose entre sí, ni se les ve con ternura casta ni depravación, sólo es gente que quiere un poco de amor.

Pedro mantendrá ese espacio en el que ya no está sólo él, Bernardo crecerá, se hará más fuerte, la abuela materna podrá tranquilizar su conciencia, mientras que Elvira tendrá la verdad que le pueden contar, a la que puede acceder, su onda hippie le ha permitido comprender que la verdad es en ocasiones lo que se nos permite ver.

Cachorro es catalogada como comedia, y sin embargo lo menos que tiene es ligereza, no voy a decir que es profunda, pero sí tiene detalles que bien vale la pena. Que el espectador no crea que va a ver La jaula de las locas, ni Víctor Victoria, Cachorro es una cinta que habla sobre algo diferente: el que los problemas nos encuentren fuertes.

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Friday, January 25, 2008

La amistad, un jarrón para guardar lágrima



Recuerdo con afecto lo que mi maestro de cine me dijo en la carrera: “no te hagas bolas, al cine vas a que te cuenten historias, lo que importa es que la cuenten bien”, agradezco esta enseñanza a Enrique Cano, el maestro más alternativo que tuve en la carrera.

¿A qué viene esto? Me explico, y pido un poco de paciencia a mis cuatro lectores. Esta semana vi un fragmento de un insufrible drama campirano del canal de las Estrellas donde una inocente niña es embarazada por un rico hacendado, ok, hasta ahí va entendible el asunto.

¿Qué ocurre?, pues nada, que el guionista sí supo poner a la chica desolada hasta la sala de los ricos para hacer su drama de amor frustrado en el velorio; clásico, es asesinada (para impedir que nazca el heredero), lo que deriva en que sus hermanos anden por el pueblo buscando la hacienda de la familia en cuestión. Me pregunto, ¿cómo es posible que una “inocente” niña encuentre no sólo la hacienda, sino la habitación de la velación, y tres gandules que claman venganza no pueden saber donde diablos está una hacienda?, ¿será una hacienda de interés social y por eso es tan chica?, ¿o más bien se tratará de una batihacienda, y esté en una catacumba? Me parece que esto ilistra una historia mal contada.

Esto viene, mis queridos cuatro lectores, en contraparte, a que tuve la oportunidad de ver una película sencilla, de tema trillado, pero con un dilema bien contado, interesante, incluso que genera tensión en el espectador, es decir, una historia simple, pero profunda, lógica en el universo que sea crea, no como en el ejemplo introductorio.

Mi mejor amigo es una cinta de Patrice Leconte, cineasta ya conocido por un servidor por Ridículo, film en el que se exponen las intrigas de la corte francesa de Luís XIV (incluso dejando claro que Versalles y Los Pinos son idénticos).

Además, Mi mejor amigo es llevada en hombros por un actor que es común ver en el llamado cine de arte, Daniel Auteuil (El octavo día, La viuda de St Pierre, El clóset) y que expone una idea muy sencilla: que duro es pasar por la vida sin un amigo. Pero cuidado, no nos enganchemos a la idea de una historia predecible, de mucha lágrima, de expresiones gloriosas por la pérdida de un amigo. La historia va mucho más allá.

Francoise (Auteuil) es un comerciante que sólo ha centrado su vida en trabajar, hacer negocios, tiene pareja, tiene una socia, tiene colegas de trabajo, pero nadie, absolutamente lo reconoce siquiera como una amistad agradable. Leconte tiene el tino de poner a un sujeto que podríamos definir como “normal”, es decir, Francoise no es un sujeto de robe a lo pobres, que insulte ancianos, lastime a menesterosos, no, solamente es un tipo que no tiene amigos.

Paralelo a Francoise está Bruno (Dany Boon), un taxista de sonrisa agradable, muy atento, pero que vive solitario, básicamente, por saber demasiadas cosas que a nadie le importan. Bruno es un sujeto que toma y aprende todos los datos que ve, sabe de calles, casas, orígenes de nombres, es una amplia enciclopedia de las cosas que a nadie le interesan. Paradójico, nunca ha sido seleccionado para programas de concursos (el rival más débil, a la francesa) por el pánico escénico que sufre. Bruno es bueno para decir sus datos, no para responderlos.

Bruno y Francoise tienen sus barreras, sus problemas, y sin embargo ambos tienen un problema en común, no tienen amigos. ¿Cuál es el punto de unión?, una metáfora creada en torno a un jarrón por el que Francoise paga 200 mil euros en una subasta, un jarrón del siglo V AC que tiene como motivo la amistad de personajes de la Iliada (Patroclo y Aquiles).

La cuestión es sencilla, la compra del jarrón mete el tema de la amistad delante de Francoise, el cuál acepta el reto de su socia para que en menos de 10 días le presente a su mejor amigo o ella se quedará con el jarrón (obtenido a un costo prohibitivo para su empresa).

Los días pasan, y Francoise va compilando una complicada lista de “amigos” que no son tal, ya sea ex compañeros de la escuela, colegas, quien sea, Francoise no tiene amigos, no sabe ser simpático, no sabe ser atento, y nunca se dio cuenta de ello.

Es con este escenario que Bruno termina siendo maestro de Francoise, y es por medio de escenas que de simples resultan complicadas, pues lo de menos es poner frases cursis, pero no, lo hiperbólico del mensaje es la significación que da el espectador al acto de querer encontrar un amigo.

Mi mejor amigo es una cinta donde se exponen los costos, donde tenemos a un héroe que quiere ser amado y solo causa molestia, enfado, antipatía, y que contrasta con lo que significa tener una amistad real. Este es el marco para ir trazando en la imaginaria lo que podría ser una amistad entre Francoise y Bruno.



Sin embargo, Francois no ve lo que para muchos puede ser natural: la amistad, la voluntad, el deseo de sentirse cerca no se compra, no se trata de un montaje teatral, pues hasta ahí llega, Francoise no tiene límite en su deseo de demostrar que un amigo hace lo que sea por los lazos existentes. Francoise llegará a lo más bajo de la calidad humana y tendrá que pagar por ello; descubrirá nuestro imprudente héroe que lo que ha armado en torno a Bruno es falso, frágil y de mala calidad, como el jarrón que tiene en su casa (la película explica muy bien este detalle).

El dramatismo del final de la cinta lo dejo al juicio de mis cuatro lectores, en lo personal me agradó el ambiente de concurso en que la cinta se destraba, pues finalmente Francoise entendió la relación con Bruno como un concurso, por lo que la solución tenía que venir en un concurso, al menos así lo veo.

Recomendable Mi mejor amigo, sin duda para un servidor. Movimientos de cámara que recuerdan el estilo de Lars von Tiers, diálogos sin mucha complicación, cinta centrada en los valores más básicos del ser humano, hechos encadenados que tienen lógica. Tal vez Mi mejor amigo se haya logrado tan bien por buscar en lo íntimo de la humanidad y no es tratar de encontrar una hacienda en medio de la nada.

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Monday, October 29, 2007

La importancia de la página a tiempo

Denis Dercourt es un licenciado en filosofía y doctor en ciencias políticos, entre otras de sus habilidades es ser solista de viola y maestro de música cámara en el Conservatorio Nacional de la Región de Estrasburgo desde 1993, y ahora salta a la notoriedad como guiniosta y director de la cinta La cambiadora de páginas.

La cambiadora de páginas, a la vista de estos datos biográficos, se revela como un tipo de biografía del director, o al menos como involucrado en experiencias similares. El film inicia con un relato directo donde podemos ver a Melanie (Déborah François), una niña con la aspiración de entrar en un conservatorio para poder cristalizar su sueño de estudiar para concertista de piano. La secuencia se marca fácilmente: la niña tiene clara su meta, pues es hija de un carnicero parisino, es decir, proviene de una cultura de esfuerzo, no de un entorno de fácil acceso a los lujos.

Todo marcha bien en su examen, es dueña del escenario, impresiona de inicio a sus sinodales, pero en uno de esos giros del destino de pronto todo juega en su contra. Una de sus examinadoras se distrae del recital por firmar un autógrafo. Melenie pierde concentración, pierde ritmo, pierde todo, y simple y sencillamente, la oportunidad de su vida se ve resquebrajada.

Melanie lo tiene claro, su sueño acabó, la ira y la decepción se apoderan de su destino, ella no ve en el piano un pasatiempo, no es como la tropa de niños que dicen que perseguirán su sueño el tiempo que sea necesario. No, Melanie cierra su piano, guarda sus fetiches musicales, ha cerrado la página de su vida por la indiferencia y poco respeto de un sinodal que sólo vio a una estudiante como ve a muchas más.

El tiempo pasa, y Malenie es una chica agradable, guapa, serena, dispuesta al trabajo, tiene la prudencia de hablar poco y demostrar fácilmente su destreza en un despacho donde realiza sus prácticas universitarias. Lo interesante es que esto es parte de su plan de venganza contra la concertista. Para explicarlo fácilmente, y sin que sea chisme, ese despacho donde Melanie trabaja es del esposo de aquella sinodal que se distrajo de su interpretación por firmar un autógrafo.

Claro, lo sencillo al plantear la palabra venganza sería el gastado estilo de que la chica entre a la casa de “la mala”, y haga una carnicería con su natural antagonista (se podría justificar siendo hija de carniceros), pero no, hay indicios que hay que respetar, y por lo tanto mover la venganza más a la sutileza. Se necesita de un motivo, y la dirección lo arma con sencillez.


Melanie obtiene la llave de entrada a la casa de Ariadne (Catherine Frot), con el pretexto de cuidar y atender al hijo de ésta. De nueva cuenta uno puede suponer que la venganza será con la vida del hijo, sería la forma directa de quitarle su vida a Ariadna, así como a ella le robaron su proyecto de vida. No, hay que seguir buscando.

La historia, a medida que avanza, va creando vínculos más fuertes entres Melanie y Ariadna, las dos son mujeres, la música es un tema en común, y ambas son susceptibles a la presión del entorno, Melanie lo demuestra en su examen siendo niña y Ariadne por haber perdido facultados en un accidente vial años atrás.

Denis Dercourt, deja en claro en su relato que las cuentas se cobran en igualdad de circunstancias. Paulatinamente vemos a una Ariadne que empieza a depender más de Melanie, no como “niñera” sino como confidente. Ariadne tiene en puerta una serie de compromisos con los que pretende recobrar la fuerza de su carrera, muy en el fondo desea conseguir las cosas por su esfuerzo y no por el apoyo de su esposo (así como Melanie rechazó el que su papá le pagara clases particulares de piano).

De manera clara y directa, las acciones se centran en esta deliciosa joven que tiene la facilidad de pasar la página para Ariadne durante los ensayos de su grupo de cámara, una habilidad que no es tan sencilla, más bien es algo que implica talento, sensibilidad, coordinación, una especie de conexión emocional entre intérprete y asistente.

Por medio de un juego semejante al buen jugador de ajedrez, Malanie mete a Ariadne en su juego, tiende una trampa que pasa por lo lógico, por la sensualidad, por el juego de las emociones, tratando de dejar a la víctima en su propio infierno, ese infierno en el que Melanie ha vivido desde que Ariadne le introdujo en ella.

El juego psicológico y de las apariencias llena la pantalla, no hay grandes demostraciones de emociones, de gritos, de escándalo, más bien todo vive a nivel interno de los personajes. Eso hace que La pasadora de páginas sea atractiva.

Al final Melanie se verá liberada, cobrando lo justo, algo así como un moderno Shilock que sí logra obtener su libra de carne exacta de Antonio, el mercader veneciano. No hay mayor pretensión, no está oculto el deseo de Melanie, el punto es la forma de lograrlo, sin sangre, sin gritos; Dercourt busca dejar ese sabor en el espectador en que se ansía la venganza, pues presenta este platillo frío, bien frío, casi obligando al cinéfilo a sentir que la venganza es un sentimiento noble, ¿o no lo es?

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Sunday, July 29, 2007

El héroe y su epopeya


La narrativa rusa es muy particular, no se anda por las ramas, me parece que rara vez cae en terrenos comunes, gusta de plantear los dilemas en los que vive el ser humano. El pequeño Vania, cinta dirigida por Andrei Kravchuk, es uno más de esos casos, lo que hace que la cinta sea sencillamente extraordinaria.

Vania es un niño que de seis años que vive en un orfanato y ha sido elegido por una pareja de italianos para que sea su hijo. Es por medio de este escenario que se exponen dos ideas centrales: todo el orfanato trabaja para el nuevo elegido que asciende al rol de héroe, pues va a poder salir de ese mundo sin futuro, sin suerte, sin nada alentador; todo ello rodeado por el cascajo de lo que fue el orgullo del imperio soviético (una percepción que cualquier globalizador negaría). Sí, Vania se convierte es el pequeño bendecido por la suerte y como tal no debe de rechazar ese golpe de abundancia, de lo contrario su destino será la delincuencia juvenil, en el más cercano destino.

Contrario a lo que pudiera pensarse, la historia de Vania (Kolya Spiridonov) no busca el chantaje sentimental, no es un niño metido en grandes sufrimientos, nadie abusa del él, no está en escenas cargadas de sentimentalismo, Vania es un niño que forma parte de la célula productiva del orfanato, es parte de la maquinaria con que los más grandes obtienen dinero, ya sea por servicios en gasolineras, o por prostitución, que es el caso de una de las chicas del grupo.

Todo va perfectamente, el grupo festeja que uno de los suyos tenga mejor destino, que se pueda ir y deje atrás toda la miseria. Ser adoptado es tanto como garantizar el éxito en la vida. Sin embargo son los fantasmas del pasado los que despiertan la curiosidad y deseos de otras opciones en nuestro infantil héroe.

La búsqueda de uno de los niños ya adoptados por parte de su madre detona el sentimiento más básico de Vania: encontrar a su madre. Por escasa que sea la posibilidad, para Vania vale la pena dirigirse a su origen, claro, esto se mueve más cuando algún otro niño le dice: no te preocupes, pronto vas a tener una nueva madre. En la lógica del héroe no tiene esto sentido.

El proceso en que va germinando esta escapatoria para la conquista de su meta no es gloriosa, no es exaltada, más bien es la un niño de 6 años que no sabe bien a bien por dónde empezar. Tal vez sea robando dinero poco a poco al líder del orfanato (algo así como el que padrotea a los demás), tal vez sea aprendiendo a leer, quizás sea escapando, ¿pero cómo?, el héroe necesita de guías. La primera surge de una de las chicas del orfanato (la que se prostituye), es quien le pondrá en el tren que lo llevará a la ciudad de su primer orfanato y así poder tratar de encontrar a su madre, es a partir de ahí que empieza la epopeya del héroe.

Notable acierto del directo es que el chico siempre esté abrazado a un cuaderno, como si fuera su antorcha en medio de las tinieblas, la búsqueda de sus aspiraciones son metaforizadas por el cuaderno, es su guía, es la fuerza de la volunta a la que se sujeta, la que no permitirá que desfallezca hasta llegar al final de su cruzada.

La astucia, el saber acomodarse al lado de los adultos, cubrir al compañero en desgracia, como diría Clavillazo: “vivillo desde chiquillo” es lo que hace que Vania vaya cruzando este mar de adversidades. Claro, la persecución de quien pierde dinero con la adopción frustrada es constante, y es lo que hace que el héroe tenga que aplicar el máximo de sus breves capacidades.

Es en la ciudad donde Vania conoce la generosidad casual o la maldad más premonitoria. Gracias a ayudas incidentales Vania llega al orfanto original, donde su madre lo abandonó a su suerte, pero el héroe es tal por enfrentar su destino, y es ahí en donde empieza la verdadera prueba. Casi es atrapado por sus perseguidor (el gandul que trabaja para la mujer que contacta a los padres adoptivos), pero el destino le tiene la sorpresa de que es defendido, de manera indirecta desde luego, por unos jóvenes con quien se cruza en su huída.

El camino del héroe en apariencia está despejado, aclara todas las dudas sobre el destino de su madre y es cosa de esperar a que amanezca. Pero falta el clímax para el joven héroe. En su camino definitivo, sin atajo posible, se topa de nuevo con su perseguidor, y cuando esto llega a lo más intenso, cuando no hay salida, el héroe demuestra que está listo para pelear, para enfrentar a sus demonios, a gritarle a quien sea que está dispuesto para la batalla, pues tiene la razón de su lado, escena magistralmente coronada con una lluvia que confirma el bautizo, la purificación, Vania personifica su propio sacrificio para que surja el nuevo Vania. Sí, es una escena maravillosa, que conmueve, y no deja más elección a fiero y deslamado perseguidor que dejar a nuestro héroe enfrentar su destino, pues se ganó con todo derecho su nueva vida.

En el final, claro, hay que llorar un poco, hay que dejar que los ojos se humedezcan, pero no sólo es por que el niño ha logrado su meta, es porque el héroe llega al final de su epopeya demostrando que tuvo la voluntad, la fuerza, el talento, a su favor, que jugó sus cartas, se arriesgo y en ello confirma la renuncia de la vida prediseñada que iba a recibir por un destino que se gana a pulso.

Andrei Kravchuk, nos regala en El Pequeño Vania una historia donde deja que su héroe gane su independencia, su espacio, pero no pone más que lo justo, la musicalización es maravillosa, simple, como un murmullo de piano (quien haya visto el decálogo de Krzysztof Kieslowsky sabrá de lo que hablo), donde las imágenes te proyectan ese orgullo acabado del otrora reino comunista, y en ello surge un héroe que da dignidad a lo más elemental del ser humano.

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Wednesday, July 25, 2007

Una buena historia de amantes


¡Hay tantas cosas que pueden pasar antes de que inicie una película! Vas a cambiar tu tarjeta de cliente frecuente, así lo pides y el muchacho que te atiende te quiere vender el boleto (es decir, me oyó, pero no le importó); vas a comprar un dulce que corte el antojo de comer algo y te tardas 10 minutos por las eternas y despistadas vueltas del vendedor (es decir, la gente goza haciéndose bolas); por estar en la fila escuchas a los de adelante decir que Tranformers es una excelente película, tan “padre” como duro de matar (es decir, el plástico ha vencido al discurso fílmico); y por si fuera poco, la película inició con un retraso de 15 minutos, eso sin contar los, al menos 14 anuncios que nos endosaron (es decir, todo puede pasar de manera secuenciada).

¿A qué viene toda esta queja?, a que todo quedó saldado al poder disfrutar de una buena película. Apenas hace unas semanas decía que el cine italiano es irregular, bueno, la revancha llegó, ahora sí hay una buena cinta italiana en cartelera: Un amor italiano.

¿Dónde están los méritos de Un amor italiano? La historia se centra en la Italia de 1936, es decir, en las postrimerías de la locura de la segunda guerra mundial. En un tren, que es la metáfora del avance, de la trasmisión a lo largo de toda la cinta, donde vemos a un sujeto bien parecido, de sonrisa seductora y finos modos, es Giovanni, (Stefano Accorsi) que sin el mayor recato pasea por los pasillos del tren en busca de alguien que corresponda a sus encantos.

El encuentro ocasional con una mujer en al tren va desarrollando la historia, no se dio cuenta de que esa mujer en cuestión era María (Maya Sansa), digamos que el gran amor de Giovanni. Es hasta que regresa a la casa de María, como una visita social a verificar su pasado en que cae en la cuenta de que esa chica del tren era María, claro, ya no era rubia, ahora es de castaña, pero en el fondo sigue siendo María.

Es por medio de este pequeño ajuste que la relación de María y Giovanni reinicia, de nuevo regresan al camino de los amantes, de las calles oscuras, de las confidencias en apartados lugares, del amor entregado en la playa desierta o en el bosque brumoso, ¿cuál es el tino de esto?, que no hay frases cursis, no hay juramentos absurdos, Giovanni no va a dejar a su esposa ni a su hija, María seguirá siendo esa amante tan fiel pero que no pasará de ahí.

A lo largo de la cinta, dirigida por Carlo Mazzacurati, se va haciendo un recorrido en donde de nueva cuenta la costa mediterránea es el testigo y confidente de la historia de estos amantes, de sus entregas apasionadas, de sus regalos costosos, de sus enojos, bien expuestos en la lógica de la pasión latina, en los gritos, en la violencia, sólo para terminar aceptando que pese a todo se terminará uno al lado del otro.

La música, a lo largo de la cinta es un acierto, es un compañero, tiene el tono melancólico que adornando a una Italia que paulatinamente se acerca a la imbecilidad del conflicto, el primer detalle es el alistamiento de Giovanni en el ejército por la campaña en África, pero eso no ciega a la historia, el orden superior sólo contextualiza la historia de los amantes, sus acercamientos y sus lejanías, su dependencia, más allá de formas y convencionalismos sociales, vamos, ¿Quién no ha sido protagonista de esas historias que saben a gloria y se ven como estupidez por culpa de una mujer?

¿Otro acierto de la historia?, Giovanni es un hombre casado, pero sólo hay una escena donde se ve a dicha familia reunida, claro, celebrando el cumpleaños del hijo y con María frente a la pastelería, donde de súbito cobra la dimensión del lugar en que siempre permanecerá.

¿Por qué un acierto?, porque me parece que el director no cayó en la tentación de hacer participar a la familia de Giovanni con diálogos, eso implicaría tener que diseñarles su propio universo, sus angustias, sus problemas, donde es fácil caer en los chantajes emocionales, donde se puede abusar de la miseria del abandono, en el tono moral hacia el protagonista. La familia está ahí, con una sola imagen queda claro su papel, su peso y su presencia para los fines del relato.

La historia avanzará, y en lo que no resiste el director es a poner un escenario que cada vez se cierne sobre Giovanni y María: la guerra mundial. De nueva cuenta se va a exhibir la locura de la humanidad en donde las élites deciden sobre la masa, donde las élites meten en su locura a la vida de quien no tiene más elección que defender a la patria que dichas elites han jurado defender con la sangre del pueblo.

De primera instancia me pareció un exceso del director al poner escenas de esa demencia cuando ya las imágenes previas avizoran la tragedia, pero el diálogo que tiene Giovanni con María y con un boletero del tren hacen que la cinta, a mi juicio, concluya vigorosa, pues queda de manifiesto esa pujanza europea que ha hecho que siga siendo un polo dominante de poder y estilo para todo occidente.

Un amor italiano es una cinta muy agradable, de mucho valor cuando en las salas aledañas la atención se centra en magos y máquinas que cobran vida para defendernos (¿?), de cada uno de los pasajes, invitamos al cinéfilo a que los vaya descubriendo las sutilezas del mensaje.

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Tuesday, July 17, 2007

Enfrentando a los demonios






Por cosas que desde luego no tiene caso explicar, hace poco más de un año me quedé con las ganas de comentar una película que me pareció magnífica. Quien lea esto podrá decir: ¡infame tecleador, qué caso tiene tu comentario si ya no está en cartelera! Tranquilos, mis cuatro lectores. La opción del DVD hace que sea muy sencillo conseguir la cinta y poder disfrutarla.

Ya en temas fílmicos, considero que el cine es un universo de códigos que son bien complejos, pero a la vez fascinantes. Dentro de los códigos entra el sentir de un pueblo, su idiosincrasia, su valoración del mundo, en fin, detalles y detalles que conforman lo que somos como seres humanos.

En el caso concreto del cine israelí, siento que está atrapado en un dilema histórico. La idea se centra en el hecho de ser uno de los pueblos más polémicos en el planeta, casos y ejemplos sobran, y por medio del cine se ha tratado de remarcar constantemente el tema del holocausto. Desde luego no pretendo distorsionar, polemizar o mucho menos minimizar tal episodio humano, pero creo que sí se vale la reflexión, ¿hasta qué punto el cine israelí es rehén de esta temática?

El motivo de toda esta reflexión es que el director Eytan Fox dirige Caminando sobre el agua, la cual nos presenta, de manera genérica, una proyección evolutiva. Se acepta, se reconoce el holocausto, con todas sus circunstancias, pero también establece un “ya basta”, dejemos de estar atados al pasado y empecemos a vivir nuestra propia vida.

La historia presenta como protagonista a Eyal (Lior Ashkenazi), un agente del famoso Mossa, y que desde luego se encarga de perseguir y liquidar a los terroristas enemigos de Israel. La efectividad y dureza de su profesión lo lleva a vivir sumido en un infierno emocional donde todo lo que se acerca a su vida termina muerto. Iris, su esposa, es uno de esos ejemplos al suicidarse.

Pero la vida sigue, y Eyal tiene que actuar como guía de turistas de Axel (Knut Berger). Hermano de Pía (Caroline Peters), una mujer alemana que ha decidido dejar atrás a su familia y vivir en un Kibutz (un interesante contraste). Axel, además de conocer lo más emblemático de Israel, busca que su hermana viaje de regreso a Berlín para el cumpleaños de su padre. ¿Cuál es el valor de esta explicación?, Axel y Pía son nietos del aparentemente fallecido Alfred Himmelman, de pasado nazi y al cual Menachen (Gideon Shemer), directivo del Mossa, y jefe directo de Eyal, desea dar alcance y muerte.

La investigación que Menachen encarga a Eyal deriva en la interacción entre el agente israelí y Axel, lo que genera diversos sentimiento, emociones, reflexiones, actitudes ante la vida que nos recuerdan una premisa de la cinta: para poder avanzar hay que purificarse, llegar a la raíz de los sentimientos y superarlos, de otra manera seguiremos atrapados en nuestras creencias, en nuestras percepciones.

El humorismo y la reflexión se mezclan con la realidad de los ataques terroristas en camiones israelitas a manos de mártires palestinos, de la notoria rispidez en el trato entre hebreos y árabes, vamos, la historia general de medio oriente vista a través de un Eyal que detesta estar esta misión “caza nazis”, y que a la vez es incapaz de reconocer la homosexualidad de Axel.


Las charlas grabadas (al puro estilo de Carlos Ahumada) revela lo que Menachen suponía: el militar nazi no está muerto, por lo que da la instrucción a Eyal para que vaya a Berlín, restablezca el trato con Axel y se acerque a verificar la versión sobre la existencia de Himmelman.

Es en este momento del relato en que se empieza a girar hacia asuntos más comprometedores en Eyal. Cumplir para lo que está adiestrado suena elemental, ¿pero esta es su lucha?, ¿el holocausto es algo directo para él?, ¿este odio es su odio? Eytan Fox plantea estas reflexiones de manera ágil, involucrando al espectador, pero sin grandes frases hiperbólicas, lo que es todo un acierto.

Sí, Eyal estará delante de un anciano que apenas es capaz de poder respirar con instrumentos, donde todo un cúmulo de angustias, de odios, de herencias y acciones a cumplir se arremolinan, ¿Eyal soportará esto?, ¿el asesino del Mossa se vencerá ante sus sentimientos y quedará en estado de indefensión por no poder cumplir su misión, es decir, completar su utilidad?

Fox teje los elementos para ofrecer un final sorprendente, muy agresivo si se toma en cuenta el dogma de como “debe” ser visto el holocausto y sus consecuencias. La inteligencia del director no deja de lado que también hay algo en la cultura germánica que también tiene que concluir, que hay algo que aún duele y es necesario hacerle frente, algo así como saber cerrar los círculos pendientes.

Por espacio de poco más de 100 minutos el espectador puede ver un proceso de degradación que generará un mejoramiento en los personajes Suena paradójico, ¿acaso el mundo no tiene mucho de paradójico para poder ser habitable?

Sí, Caminando sobre el agua, realizada en 2004 en una coproducción Israel Suecia, es una estupenda opción cuando se va al video club y parece que en lugar de seleccionar una película estamos eligiendo la caja del anuncio que luce menos mal.

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Saturday, July 07, 2007

Un dilema que se queda en intento


En las salas cinematográficas de la ciudad de México se está exhibiendo Vainilla y chocolate. No puedo decir que salí contento, es más, hubo algunos detalles que me agradaron, pero eso al mismo tiempo hace que me sienta un tanto decepcionado.

Todo esto viene a cuento porque me he dado cuenta que me encanta el cine, el discurso existencial, es decir donde el dilema gana al final bonito, por decirlo de alguna manera. Como detalle, ver una cinta como el clásico Ladrón de bicicletas de Vottorio de Sica te deja en una situación de angustia, de desesperanza, vamos, de sentimientos encontrados, en donde el director te obliga a trascender la historia y ubicarla en la perspectiva profunda del sentido humano. En el caso de Vainilla y chocolate se pudía, pero el director no se atrevió.

Ciro Ippolito, director del film en cuestión, nos presenta a Penélope (María Grazia Cucinotta), llamada por todos como Pepe, maestra de piano, como una mujer insatisfecha, infeliz, víctima de las infantiladas y cabronadas de su marido, Andrea (Alessandro Preziosi). La decisión esperanzadora para Pepe es regresar a su origen, la casa de su entre severa y maternal abuela.

Claro, la decisión de Pepe es en parte huir de su agobiante entorno familiar, y a la vez se significa como una oportunidad de “hacer” madurar a Andrea, quien ahora tendrá que encargarse de sus tres hijos, dos adolescentes y uno de no más de 7 años. Puede ser, un entorno asfixiante puede propiciar que el más templado de pronto necesite espacio y distancia.

Pepe, ya instalada en la finca de su abuela, tiene una serie de evocaciones de su infancia, de su despertar a la vida (¡que cursi!, prometo ser más cuidadoso para la siguiente), y así vamos viendo algunos detalles de su madre y sus canitas al aire, del día en que conoció a Andrea (algo así como recordar el destino), los consejos de su abuela, en fin, detalles que pueden ser adecuados para crear el ambiente de Pepe y entender su vida. A la par de ello, Ippolito juega con la “nueva” vida de Andrea y sus tres hijos.

En este torbellino donde Pepe siente que ha sido la tonta en la infidelidades de Andrea, aparece el recuerdo y vivencia del amate de Pepe, Carlos Martínez (Joaquín Cortés), este me parece el momento más importante y fundamental de la cinta, donde los cuestionamientos pudieran darse, y sin embargo, me parece que se dejan pasar de largo para dar una lección moral.

La historia de Pepe y Carlos es lógica, un hombre de porte cautivador pone sus ojos en una mujer casada. Él trata por todos los medios acercarse a ella, hasta que ella accede. Se entiende que no puede estar con Carlos por ser casada, y también porque Andrea es el hombre con el que ha decidido estar (ojo, que no menciono amor). Finalmente Pepe vive su historia de amor, pues para que la dama tenga esa historia necesita sentir algo hacia ese sujeto (¿a quién no nos han puesto de pretexto el amor para darnos largas a ciertos temas?).

Bueno, Carlos logra romper esa barrera, Pepe se entrega a él, es plena, es dichosa, el feliz…, hasta que Carlos le pide que deje a su marido y se case con él, que junto a sus hijos formen una nueva familia, claro, para que tengan el suyo, el propio. Ahí el encanto se rompe. Se valdría preguntar, ¿por qué una mujer desea sentir amor para tener una aventura, pero cuando corresponden a su amor sale huyendo?

Es aquí donde la cinta, me parece, rompe el hilo de historia y se vuelve una lección moralina. Pepe tendrá que regresar, Andrea dice que ya aprendió y que va a cambiar (¿?) y el amante fogoso es castigado con un cáncer que casi corta sus lujuriosos sentimientos.

Con todo ello, la historia quiere abarcar tanto que termina dejando cabos sueltos: La hija de Pepe tiene desórdenes de alimentación, una escena que presenta pero no concluye nada, la misma hija que repite el despertar sensual de Pepe, pero es “protegida" por Andrea, unos diálogos entre Pepe y su madre que son flojos, pues nunca llegan a la médula de la justificación o del reclamo. Del final, ni que decir, sentí que estaba sufriendo la conclusión de cualquier capítulo de "Lo que callan las mujeres".

De verdad que me quiere gustar el cine italiano, pero me parece que es irregular, por ejemplo, la musicalización, por momentos tiene a influencia de Ennio Morricone, no está mal, pero hay que evolucionar; en otros la música en tan estorbosa que parece que se puso una cinta de Camilo Cesto (ya se imaginarán), digamos que este cuadro lo rescata la música y voz de Joaquín Cortés, quizá esa debió ser la base de todo el arreglo musical.

La fotografía no es mala, el entorno mediterráneo ayuda mucho, los encuadres tiene buena profundidad, y los ángulos que hay a lo largo da la cinta le den un toque de cierta frescura, se ve el estilo del director en romper lo cotidiano en ese sentido.

Del origen y nombre de la cinta, bueno, suena como una buena idea, pero me parece que es como una alegoría para decir que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, la misma cinta se encarga de machacar esta idea.

En fin, habrá que reflexionar sobre algunas cuestiones más por iniciativa que por la propuesta de la dirección. Se pueden pasar algunos instantes divertidos, pero esperar los grandes cuestionamientos del ser humano, caray, se tendrá que seguir viendo a Lars Von Trier, Kusturica, Wim Wenders, en fin, los clásicos que por algo son lo que son.

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Thursday, July 05, 2007

Para ver a las ballenas hay que tener fe


Ya en alguna ocasión comenté que hasta en el cine de propuesta existen cintas que no tienen ninguna propuesta (por paradójico que suene), pero aún así resultan muy buenas películas. Me parece que esto no se deriva sólo de tener la mente abierta a aceptar el mensaje fílmico que no es “hollywodense”, sino a una postura de vida, es decir, no hay propuesta, pero sí la idea de mandar un mensaje interesante.

Este es el caso de la película Padre e hijos. Para ser honesto, ignoro si en algún momento alcanzó alguna sala aislada en los grandes complejos empeñados en sólo hacer dinero con cine desechable. Si el caso de esta cinta fue estar condenada al DVD de manera inmediata, bueno, qué le vamos a hacer, pero lo que sí les puedo decir es que se trata de una historia simplemente deliciosa.

Padres e hijos es sensible, es emotiva, es divertida, pero no siento que recurra al chantaje para lograr interesar al público. La piedra angular de la historia descansa en Phillip Noiret (inolvidable Alfredo en Cinema Paradiso), al encarnar a Leo Serano, un hombre que ve cómo pasa el tiempo, no es abuelo, y para colmo sus hijos viven en un notable alejamiento, cada uno preso de sus carencias o vanidades. Los tres hijos en cuestión son Charles Berling (David), Bruno Putzulu (Max), Pascal Elbé (Simón).

¿Cuál es el detonante para que la trasformación empiece a generarse?, realizar un viaje de vacaciones, la idea es ver a las ballenas en Canadá, aunque ya haya pasado la temporada de avistamientos.

Las vacaciones son el pretexto para que Leo logre que David y Max logren romper las barreras y distancias que los tiene como enemigos jurados. El argumento central de Leo es la manera en que exagera un leve problema de agotamiento (transformando en un coágulo que va a terminar con su vida).

Pero que esto no provoca una historia cursi, de frases melosas y terrenos comunes donde la muerte y las lágrimas brotan como si fuera un vulgar reality. El guión y dirección de Michel Boujenah es ágil, plagado de un lenguaje ligero, cotidiano, subido de tono, con insolencias, con juegos de lenguaje, sí, con cierto terreno común en las bromas y chistes, pero me parece que están justificadas.

El encadenamiento de los hechos hace que estas vacaciones cambien de rumbo en cada momento, las mentiras y las verdades se combinan a lo largo de la historia. A veces es la atención en el masoquismo de Max, en otras descansa en la vanidad y superficialidad de David, en ocasiones en lo abstraído de Simón, eso sin contar las sombras de homosexualidad; se descubre la aventurilla de juventud de Leo, se expone la repetición de soledades de Leo con su hermano, el que Simón no acabó la prepa, pero sobre todo el juego del chantaje de Leo para que todo puedan verse y quererse como familia.

Pero la solución a esa búsqueda de los valores, de la identidad, de lo que nos puede unir tenía que llegar desde afuera para que lo interno lograra el equilibrio. La respuesta llega por Mado (Marie Tifo), una curandera entre mística y charlatana que es capaz de revivir a un cerdo (después de todo, todos los hombres tenemos algo de cerdos).

Es en este ambiente aislado de todo, sin señal de celular (¡qué maravilla!), de trabajo rudo y de simplezas de vida es que estos cuatro personajes coronan ese viaje a su interior. Secuencias muy divertidas, aunque por ahí con su detalles emotivo que mueve a las lágrimas si se ha hecho “clic” con la historia.

Pero falta el pretexto original: ver a las ballenas. Leo lo explica muy sencillo en dos expresiones: para ver a las ballenas hay que tener fe. Para ver a las ballenas hay que merecerlo. Quien guste atreverse a gozar esta cinta (que está en tiendas de autoservicio a escasos cuarenta pesos) sabrá entender lo maravilloso y emotivo de estas dos ideas que el maravilloso Noiret nos legó.

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Saturday, June 23, 2007

Explicando el sistema humano


Un ogro verde, cuatro súper héroes para variar salvando al mundo (entiéndase Nueva York), un pirata borracho y simpaticón, y una araña que tiene crisis de identidad es lo que domina, arrasa en las salas cinematográficas de la ciudad de México. Ni modo, así es esto del cine de verano, y cito célebre diálogo de Bob Patiño: hasta el homicidio tiene su lado malo.

Sin embargo, sí se puede encontrar por ahí en algunas salas una, a mi juicio, disfrutable opción, que
es París, de amo. No se trata de una cinta armada, tampoco me atrevo a calificarla como un documental, incluso decir que es una “serie de estampas que nos reflejan lo que es la ciudad luz”, prefiero decir que es un una visión del sistema humano, ¿a poco no puede sorprender la forma en que pretendo de ser original?

A lo largo de dos horas París, te amo, nos ofrece una visión humana, sensible, muy emotiva de lo que finalmente preocupa a la gente. Veámoslo con calma, ¿será necesario saturar mis sentidos con efectos en donde colosos destruyen una ciudad porque nos defienden o interiorizar el sufrimiento de una madre soltera que tiene que dejar en una guardería a su hija de meses para ir a trabajar y cuidar a una niña de meses que tuvo mejor destino?

Otro ejemplo, podemos ver el corto en donde la siempre encantadora Juliette Binoche sufre por la pérdida de su hijo, lo que da motivo a una proyección onírica en donde las calles de París son recorridas por un vaquero estupendamente caracterizado por William Dafoe, al tiempo de dejar en claro que su hijo es una gran muchacho. ¿Vale más la seguridad del universo o la serenidad que logra la madre al entender que su muchacho está bien?

La astucia es una arte que hay que saber explotar, En una historia donde Nick Nolte es el protagonista todo el tiempo se discute la libertad de su hija, de su derecho a disfrutar de la vida, o bien, la capacidad de elección que nos expone Elijan Word para ser un vampiro por elección y no por maldición, de las andanzas de Steve Buscemi quien nos da el mejor consejo para cuando vayamos a París: no ver a los ojos a los franceses. Delicioso relato en donde mueve a la risa sin decir una sola palabra. Los tres tienen en común la sorpresa.

París, te amo da la posibilidad de ver relatos que emulan a las cintas de Audrye Hepbrum donde la clase
y el estilo termina por parecernos natural y lógico, como ocurre con la historia de Bob Hoskins, pero también podemos ver el asunto de la marginación, de la violencia, de la no aceptación al que es diferente, relatos que evidencian la problemática del emigrante cuando el concepto de originalidad y de pertenencia ha sido armado y vendido por los seres más ciegos o nocivos para el mundo.

La cinta se goza por los estilos narrativos que ponen cada uno de los diferentes directores, es como un colage en donde no importa tanto segmentar, sino integrarse al sistema de emociones humanas, el tiempo se dilata, o se escapa; pero a final de cuentas queda de manifiesto que sólo somos instantes, que nada garantiza la inmortalidad en tanto no sepamos vivir el fugaz presente.

Alfonso Cuarón, Los hermanos Cohen, Gus Van Sant, son sólo algunos de los directores que nos regalan una personal visión del ser humano, París es el pretexto, es el escenario en donde estos directores y actores juegan con los elementos y nos permiten acercarnos más al ser humano.

Desde luego que no estoy en contra del cine de verano, pero me parece muy justo que nos limitemos a los sentimientos superficiales, esos que tan pronto llegan los olvidamos; me agrada la idea de que el cine nos trasforme, de que tratemos de entender al otro, porque de esa forma podemos aproximarnos a nosotros. Es necesario que busquemos los retos a la imaginación, a salir de patrones que de tan contados se pueden volver adictivos.

París te amo, producción Alemania, Francia, Suiza, Liechtenstein, no revela un nuevo mundo, pero sí me parece que quiere encontrar otra variante a ese mundo que cada día pareciera que deseamos destruir con más empeño.

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Monday, December 25, 2006

Todo lo barato lo compra el dinero, ¿y lo demás?


Elsa y Fred es una película que no tiene aspiraciones por mostrar algo nuevo en el cine. No está saturada de frases reflexivas, fuertes, de confrontación. Es más, desde poco menos que la mitad de la cinta sabemos en qué va a terminar. Dado este notable vacío de concepto, ¿a qué se debe que haya durado casi 6 meses en la cartelera de la ciudad de México? Me parece que a lo más simple, a la emotividad y pasión con que es dirigida.

Considerando lo que es la vida en cartelera del cine de propuesta (odiosamente llamado “cine de arte”) de apenas dos semanas, tres si las cosas se dan bien, Elsa y Fred se significan como un enigma: Un anciano que recién enviudó empieza a relacionarse con una mujer que pareciera que vive condiciones semejantes, la diferencia: ella muy apegada a la vida y sus aventuras, él muy ordenado, medido en grado extremo a lo seguro.

Sí, de nueva cuenta una historia en donde el loco termina un poco cuerdo y el cuerdo logra poner algo de locura en su vida. El escenario ahora no es un lugar de La Mancha, sino las céntricas calles de Madrid. Ya hace un par de años el director sueco Vladimir Michalek nos regaló Por siempre joven, y realmente la idea es similar: una visión de la vejez con alegría por la vida, por no limitarse ante los placeres, de atreverse a lo imposible de acuerdo a la percepción y juicio de lástima que se le tiene al viejo (que para mucha gente pareciera lo que rebase los 35 años)

El director Marcos Carnevale no tiene una zaga amplia o que sea notablemente conocido en México, quizás se recuerde algo Almejas y mejillones, comedia donde un heterosexual se enamora de una lesbiana. Ahora bien, con Elsa y Fred logra una historia sencilla pero cautivadora. Sí, es un film que sin estamos desprevenidos terminamos sollozando en el antro que el es cine, pero qué diablos, si no se puede uno sincerar en la oscuridad, ¿entonces en dónde?

La historia es protagonizada por Concepción Zorrilla (realmente desconocida en México) y Manuel Alexandre (si ha visto series de comedia de Antena 3 lo identificará fácilmente) y son los personajes ideales. Doña Concepción, logra una Elsa maravillosa, un poco distraída, bastante mentirosa, mitómana pero encantadora. Elsa es una mujer que aunque se está muriendo goza al escuchar a Serrat cantando “Hoy puede ser un gran día”. Por su parte, Alexandre logra que Fred hable con naturalidad, con tiempo, con los ojos, con esa lentitud soberbia que da a la experiencia en escena.

El reparto lo complementan Blanca Portillo que interpreta a Cuca, hija neurótica de Fred; José Ángel Egido como esposo de Cuca, sutilmente interesado en el capital de Fred y así echar a andar su propio negocio; Roberto Carnaghi (Gabriel, hijo de Elsa), Carlos Novoa, como Juan, amigo confesor de Fred; y Federico Luppi (en breve aparición como el ex marido de Elsa, pero soberbio en un diálogo donde advierte a Fred de las locuras de ésta, para terminar dando el consejo supremo de su vida: "¿sabe qué, no la pieda por nada del mundo").


Ahora bien, ¿cuál es el motor de la historia?, El mismo Carnevale lo confiesa: su vida fue marcada por la imagen de Marcello Mastroianni y Anita Berkman en La Dolce Vita y la escena más famosa de ésta: la rubia espectacular entrando a la fuente de Trevi en una de las más sensuales escenas que se hayan filmado.

La fijación de Carnevale se ve materializada en Elsa, que confiesa, y tal vez esta sea la única verdad ciega de ésta, su deseo se recrear la escena ya citada como un, pareciera, gran cerrojazo de lo que ha sido su vida. Fred se convierte en su cómplice, no de travesura, sino de gusto por vivir.

Las situaciones y circunstancias de la cinta son sencillas, incluso como meras anécdotas, no hay mayor profundidad o mensaje en ver a una pareja de ancianos salir de un costoso restaurante sin pagar, de ver a Elsa en cuanto sencillo accidente de tránsito provoca, en un ritmo de galanteo en donde a veces inicia Elsa, donde a veces busca Fred, y si esto le parece muy sencillo de nuevo le pregunto: ¿cómo ha hecho esta cinta para estar casi seis meses en cartelera?

Tal vez sea la dulzura melancólica de Fred, tal vez los embustes de Elsa, quizás el conocimiento de que ella, con tanto apego a la vida, la tiene contada, tal vez por el gusto que da ver a un anciano que “ya no se está dejando morir, sino dejándose vivir”, o bien, por ver que de nuevo os recuerda abrir los ojos a lo que realmente vale la pena en la vida, y que curiosamente no es la obtención de dinero. Todos estos escenarios son muy bien musicalizados por Lito Vitale muy en el ritmo de Cinema Paradiso y Ennio Morricone
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¿Por qué vale la pena ver Elsa y Fred?, no lo sé, ¿pero es que todo en la vida necesita explicación? Quien sabe, esta producción española de 2005 es simplemente disfrutrable.

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Monday, December 18, 2006

El esclavismo a examen


Lars von Trier se significa como uno de mis directores favoritos. No es un director que nos acostumbre a cintas express, más bien tienen un largo periodo de gestación, y ello es algo que se agradece en estos tiempos de historias prefabricadas, adaptadas y con un tufo a plástico de lo más común.

¿Por qué me gustan sus películas?, por su propuesta de plantear dilemas éticos que exponen, me parece, de manera inteligente la simple profundidad del ser humano, por la forma en que su cámara se mueve en todo momento, por las ediciones de la cinta, lo que obliga gratamente al espectador a completar, a ser parte activa del relato, por los rostros que captura, dejando espacio para el diálogo, pero también a la reposo de las expresiones en sus actores.

Cintas como, Bailando en la oscuridad, Dogville y recientemente Manderlay tienes en común el cuestionamiento a las reglas con que la sociedad norteamericana se mueve, a los valores que la soportan, a los principios más relativos y viciados en los que se funda el sueño americano.

Deseo hablar de Manderlay, que se significa como un lugar ubicado en el sur de Estados Unidos, claro, los estados sureños, tan proclives al esclavismo, este flagelo que se trata de cubrir con el fervor democrático, pero que sigue siendo una cuenta no saldada en el imaginario colectivo americano.

Manderlay es un relato en 8 capítulos, en donde de manera genérica se puede decir que Grace, hija de un gangster, decide que debe quedarse en un lugar llamado Manderlay, pues siente un compromiso y deuda moral (compasión, que desea llegar a esa gloria llamada agradecimiento eterno por mostrar el camino correcto, como todo profeta lo desea) con los aún esclavos que trabajan en dicha propiedad.

El hilo conductor visible es la manera en que Grace, apoyada por un grupo de gangsters cedidos por su padre (el siempre fino Willem Dafne), es decir, a punta de pistola, va mostrando a los esclavos que la libertad es el bien más preciado de la humanidad. (“Libertad. Horrible libertad”, gritan las hormigas al ser liberadas de manera accidental por Homero Simpson, claro, el célebre capítulo en que Homero va al espacio).

¿Por qué es el hilo conductor visible?, porque en el cine de Lars von Trier siempre hay una subtrama que se va tejiendo para que de pronto salga a la superficie y te haga sentir muy bien por haber visto cine inteligente. Se expone la productividad, la democracia, las elecciones, el deseo sexual, el sometimiento a reglas no escritas, entyre varias más).

Las actuaciones de Bryce Dallas Howard (Grace), Isaach De Bankolé (Timothy), o Danny Glover (Wilhelm) llenan la pantalla, porque el director les da espacio, los deja desarrollarse, le a cada uno un carácter, un fondo, expone sus miedos, sus debilidades, por que los ubica en situaciones irónicas.

Veamos ironía simples, los esclavos no tiene la iniciativa de arreglar sus barracas y así dejar de sufrir por la goteras, es Grace, la guía de la iniciativa de la libertad la que les da la muestra al iniciar clases de democracia, de decisiones para que usen los árboles que rodean Manderlay, aquellos que los amos, los blancos, nunca quisieron tocar en su odioso papel de dueños de la vida y sus riquezas.

Y sí, las casas se arreglan, todos trabajan, todos son felices, hasta que llega una tormenta de arena, la primera de la que se tiene memoria, claro, ya no están los árboles que protegían a la comunidad, y tras sufrir tormenta, entre otras cosas, una niña cae enferma, lo que ocasionará otro tipo de dilema moral bien interesante, ¿se hizo lo correcto talando los árboles?, ¿era mejor sufrir las goteras?, ¿la iniciativa de mejorar trajo una desgracia?

A lo largo de la historia Lars von Trier va a modelar a los personajes, expondrá los trucos con que se mantiene siempre atrapado en deudas al esclavo (al colonizado, al tercermundista, etc.), la manera en que la fuerza más generosa termina corrompida, a identificar ese aparente mal equilibrio del sistema esclavista que es cuestionada no es su extinción, sino en la conveniencia de su permanencia.

Pero el punto más excitante para un servidor es la clasificación de esclavos que se encuentra en un misterioso libro que pertenecía a la dueña de Manderlay. Ese libro que puede ser cualquier dogma, al que se le respeta, más allá de razón, que tiene las respuestas si las queremos ver, y que por asombroso que parezca, por opresor que pueda parecer, es producto de la misma gente que sufre sus efectos, ¿acaso no es esa la historia de una religión fanatizada, de un régimen fascista, de un modelo de vida globalizador?

Y la mejor forma en que el director cierra la historia es volviendo esa fuerza liberadora en lo que cuestionaba, en la fuerza que castiga, que golpea, que confirma superioridad, que destroza la piel a latigazos. Donde se funde odio y superioridad, donde se cuestiona la formación de un mundo nuevo.

Manderlay es una denuncia del modelo americano más hipócrita, por favor, vea la cinta hasta que pase el último crédito, que también es relato de la cinta. Pues el cine de Lars von Trier es inteligente, de muchas lecturas, un cine que desquita cada minuto de proyección y que se tiene que disfrutar con ojos muy atentos

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¿Elegir entre realidad o fantasía?

“Somos lo que elegimos” advierte el Duende verde al Asombroso hombre araña en el momento definitorio de la película, y el caso del cine no es la excepción. Y en ese camino de elecciones llego a esta simple reflexión: Peter Jackson toma una historia mítica y nos entrega una carnicería alegórica de la edad media (todo lo que quiera decir del Señor de los anillos). Tim Burton puede darnos un paseo por lo que pudiera ser cotidiano en su universo y nos regala un poema (por ejemplo El gran pez); sin embargo, una vez que disfruté El laberinto del fauno me queda la emoción de un poema, con la dualidad de la denuncia, pero sin caer por fuerza en la carnicería exaltada.

El laberinto del fauno es una historia en la que del Toro juega en dos dimensiones, la mística y la realidad. De la combinación de ambas encuentro un relato fantástico, pero no por ello aislado de un entorno escalofriante, doloroso, profundo. El centro ¿imaginario? no es motivo para olvidar lo que ocurre a nuestro alrededor.

Pero vayamos por partes. Para que haya una buena historia es común tener buenos actores. Dos son sus referentes de carácter: Maribel Verdú y Sergi López. La Verdú (Mercedes) ha demostrado que es capaz de echarse la historia a cuestas en momentos muy fuertes del relato; en tanto que del Toro deja la responsabilidad del papel masculino en Sergi López. Es muy posible que este nombre no diga mucho en México, y es una pena, tal vez si lo tocara Almodóvar sí que sería conocido. Para quien gusta del cine poco comercial seguramente lo recordará en cintas como Oeste, Hombres felices, Reinas por un día, Un amigo como Harry, Una relación íntima, entre otras. Sí, todas ellas se han exhibido en México, ¿Qué cosas no? Sergi López, como el capitán Vidal se erige enorme, brutal, soberbio, como el macho que encaja perfectamente es esa odiosidad mojigata que puede cuestionar en el más rancio estilo ibérico.

Del otro lado tenemos a Ofelia, interpretada por Ivana Baquero. Una niña que goza de los cuentos de hadas, que cuenta relatos a su hermano aún en el vientre de su madre, que puede ver y decir a las hadas cómo deben ser, que se interna en las más diversas pruebas para poder regresar a su lugar como princesa de un reino mágico del cual un día salió, y cuando vio al luz del sol quedo cegada y olvidó todo lo que sabía.

El film de Guillermo del Toro nos da la posibilidad de ver la historia desde el lado fantasioso o del real, siempre y cuando distingamos qué es lo fantástico y qué es lo real. Tomemos dos ejemplos sencillos: Ofelia es capaz de internarse en un árbol milenario que está seco, en su interior encontrará aun sapo de enormes proporciones, al cual le debe poner tres cuarzos en su boca para que de esa manera pueda obtener una llave que posteriormente le será de utilidad; o bien, ver la forma en que el capitán Vidal asesina a golpes al hijo de un cazador, con una botella, para luego darle un par de tiros al cazador por defender a su hijo, y al hijo, seguramente para dejar un huérfano en el mundo. Defina usted cuál de los dos ejemplos debería ser el fantasioso y cuál es más común. Ya le dije: Somos lo que elegimos.

Pero cuál es elemento integrador de todo este relato. El fauno, un semidiós romano que vive en los campos y las selvas y que persigue a las ninfas (nada tonto el fauno). Éste se presenta en varias ocasiones a Ofelia, le indica ciertas pruebas que debe superar si es que desea regresar a su reino, y sobre todo, huir de la asfixiante realidad en la que vive Ofelia y en la que vivirá su futuro hermano.

¿Guillermo del Toro nos presenta una historia de desesperanza o de confianza en lo que vendrá?, perdón la insistencia, depende de lo que nosotros queramos ver. Se dice que en la actualidad se han perdido valores y que vamos de mal en peor. Si vemos con rigor, en el momento que deseemos, ¿no siempre la historia de la humanidad ha sido crimen, asesinato, imposición, destrucción, sufrimiento, ambición, y cumplimiento de reglas de manera ciega? Acaso no hay escapatoria. Sí, si sabemos ver con cuidado.

A lo largo de la cinta Ofelia es advertida en varias ocasiones que deje en paz los cuentos de hadas, sus sueños, que todo eso es fantasía absurda, claro, después de todo ¿Quién se encuentra a un fauno cualquier día de estos?; pero, ¿y el deseo de Vidal por acabar con todos aquellos enemigos de una misma forma de pensar?, ¿y la obsesión de Carmen (madre de Ofelia) por ser querida por su nuevo esposo, Vidal?, ¿y el deseo de Mercedes de mantener un puente de ayuda a los soñadores que se oponen a las fuerzas del tirano? Me parece que todo depende de la manera en que deseemos ver lo imposible. Un ejemplo más, ¿qué es más descabellado, Ofelia abriendo puertas con ayuda una tiza en la pared o el deseo Vidal por que su hijo sepa algún día la hora exacta en que padre murió?

El laberinto del fauno representa una oportunidad de retomar los ideales y la realidad, empalmarla y saber de qué lado estamos, y comprender que la vida sin esa magia que debemos dejar que nos sorprenda es algo más que un vacío, tanto como obedecer reglas ciegamente. El mensaje de del Toro es claro y representa un cierre maravilloso, existen regalos que están ahí, sólo es cosa de saber mirarlos.

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